Por: Ignacio Mantilla

De academias y universidades

El Colegio Máximo de las Academias de Colombia es la entidad que agrupa y orienta la acción de las academias nacionales. Tiene como objetivo esencial aportar, en cuanto Ie sea posible, orientaciones a la cultura nacional en los aspectos técnicos y humanísticos.

El Colegio reúne a las academias de la Lengua, Medicina, Historia, Jurisprudencia, Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y Ciencias Económicas, así como a las sociedades colombianas de ingenieros, arquitectos y geógrafos, y al Patronato de Artes y Ciencias, todas de gran renombre científico y cultural.

La vida y las funciones de las academias y universidades tienen algunas tareas comunes, y podría decirse que son socios naturales, que comparten capacidades para buscar objetivos similares.

Con motivo del sesquicentenario de la universidad pública más importante del país, la Universidad Nacional de Colombia, patrimonio de todos los colombianos, esta semana la Academia Nacional de Medicina le entregó la Orden de la Academia en grado de Gran Cruz. Fue para mí un honor recibir, en nombre de la comunidad universitaria, tan significativa distinción.

Y me quiero concentrar en el paralelo de estas dos instituciones para resaltar esas relaciones sesquicentenarias, porque no podría haber una ocasión más propicia para mencionar los lazos históricos que unen tan estrecha e intensamente a la Universidad Nacional y a la Academia Nacional de Medicina, dos organismos con propósitos tan loables como salvaguardar la salud y mejorar la calidad de vida de todos los colombianos.

La Ley 66 del 22 de septiembre de 1867 creó la Universidad Nacional y sus seis escuelas, que se convertirían en el germen de la oferta académica que hoy tenemos en nuestras facultades. Una de esas seis escuelas iniciales fue precisamente la de Medicina, a la que se le encomendó la administración del Hospital San Juan de Dios y comenzó sus labores hace 150 años, con 14 profesores y 36 estudiantes provenientes de todas las regiones de nuestro país.

Entre los profesores de esa escuela podemos identificar algunos de los fundadores de la Academia Nacional de Medicina, como los distinguidos doctores Manuel Plata Azuero y Nicolás Osorio, de anatomía y cirugía y de patología, respectivamente.

La Academia Nacional de Medicina es la institución médica más antigua de Colombia. Nació como Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales en enero de 1873, fue elevada a la categoría de Academia Nacional de Medicina por la Ley 71 de 1890, emanada del Congreso de la República y sancionada por el presidente Carlos Holguín, y al mismo tiempo fue calificada como asesora del Gobierno Nacional en materia de salud, papel que le fuera ratificado casi 90 años más tarde, por la Ley 02 de 1979.

La Academia Nacional de Medicina surge como una organización que permite complementar el ejercicio de la profesión. Es un foco cultural y científico a través de la tertulia de los médicos que, reunidos periódicamente, especialmente al final de sus jornadas de trabajo profesional, conversan informalmente para nutrirse de las experiencias de sus colegas y desarrollar una vida cultural de élite (intelectual) complementaria y necesaria para el cirujano.

A ella pertenecen los más prestigiosos médicos colombianos y es de gran prestigio pertenecer a ella. La Academia Nacional de Medicina de Colombia cumple más de 140 años cultivando el arte de curar, es apenas seis años menor que la Universidad Nacional y como hermanas han recorrido espacios de interés común.

La Academia Nacional de Medicina ha acompañado también, desde sus inicios, todas las vicisitudes de nuestra historia y ha intervenido para que sus miembros contribuyan a socorrer a víctimas de desastres naturales, de guerras, de epidemias y todo tipo de hechos que han afectado la salud y la supervivencia de la población colombiana. Además, ha contribuido en la descripción, identificación, estudio y tratamiento de enfermedades epidémicas, sin eludir responsabilidades o normas pedagógicas.

La Academia Nacional de Medicina ha realizado un trabajo sumamente importante que seguramente pasa desapercibido, como es el cuidado de la bibliografía médica, la vigilancia de la organización hospitalaria, la concepción de la política médica y la lucha en el control de fármacos y específicos terapéuticos.

Es indudable que la Universidad Nacional y la Academia Nacional de Medicina de Colombia han llevado vidas paralelas, compartiendo incluso, en muchas ocasiones, tareas, desafíos y responsabilidades. Algunos rectores de la Universidad Nacional han estado o están vinculados a la Academia, no sólo como miembros, también como presidentes.

Universidad y Academia han levantado juntas sus voces para oponerse a medidas, decisiones, leyes e ideas que afectan la calidad de la formación de los médicos o que deterioran el sistema de salud colombiano. Han sido asesoras del Estado en materia de salud pública, aun cuando en ocasiones, especialmente recientes, también han sido desestimadas sus calificadas opiniones.

También nos hemos unido, Academia y Universidad, para celebrar la apertura del Hospital Universitario Nacional, nuevo centro de investigación de la Universidad Nacional.

La historia de la medicina en Colombia pasa, obligadamente, por la Academia Nacional de Medicina, pero su reconocimiento debe exigirse actualmente, como el de otras academias colombianas, para que sus conceptos sobre la proliferación de programas de dudosa calidad para la formación de médicos y especialistas en algunas universidades colombianas sean tenidos en cuenta y para que la acreditación en alta calidad de carreras de Medicina y universidades, por parte del Ministerio de Educación, incluya en sus procesos de evaluación el apoyo calificado de la Academia. También para que el reconocimiento de títulos obtenidos en el exterior exija conceptos de la Academia, que puedan garantizar la calidad que dé tranquilidad y confianza a todo paciente.

* Rector, Universidad Nacional de Colombia.

@MantillaIgnacio

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