De Bancolombia

Bancolombia, como entidad líder del sector financiero, es absolutamente respetuosa del derecho y de las decisiones judiciales.

El Banco valora el trabajo de los medios de comunicación, pero en materia jurídica ha buscado debatir y defender sus derechos ante los estrados judiciales, no en los medios y el escenario de la opinión.

En ese sentido, el Banco lamenta que la contraparte en el proceso Ibarra vs. Bancolombia, haya trasladado con imprecisiones e información errónea el caso a su prestigiosa casa editorial y haya abusado de su buena fe.

Frente a la información entregada por la contraparte y que manifestó el artículo publicado por este medio, Bancolombia S.A. quisiera precisar:

1. Que el litigio se origina en un contrato de depósito celebrado en 1971 por la señora Rosita Castillo de Ibarra con el anterior Banco de Colombia, entidad que fue adquirida por el Banco Industrial Colombiano en el año de 1998, entidad que en el año 2005 absorbió por fusión a las entidades Conavi Banco Comercial y de Ahorros y Corporación Financiera y Suramericana Confinsura, hoy denominado Bancolombia S.A., razón por la cual cualquier condena en contra de Bancolombia deberá ser asumida por Fogafín en virtud de la garantía otorgada por esta entidad a los compradores del antiguo Banco de Colombia.

2. Bancolombia viene ejerciendo su defensa, desde hace varios años, en los procesos civiles promovidos en su contra por la señora Rosita Castillo de Ibarra por el incumplimiento de un contrato de custodia de acciones, donde se reclama el pago del valor de las acciones y el pago de perjuicios, al haberse supuestamente entregado unas acciones a persona diferente del titular y beneficiario, reclamación que se produce más de un cuarto de siglo después de suscribirse el contrato de depósito y de haberse negociado las acciones en la Bolsa de Valores de Bogotá, previas autorizaciones expedidas con fecha 10 de marzo de 1972, las cuales fueron firmadas por el esposo de la demandante, Rosita Castillo de Ibarra, tal como se probó dentro del proceso mediante dictámenes grafológicos.

3. En las diferentes instancias en las que se han surtido las acciones civiles, Bancolombia ha ejercido su legítimo derecho de defensa, entre otros, objetando los dictámenes periciales rendidos dentro del proceso en las diferentes instancias, a tal punto que como consecuencia de haber prosperado dicha petición, el Juez Primero Civil del Circuito de Bogotá, en sentencia del 18 de noviembre de 2009, ordenó que se compulsaran copias a la Fiscalía General de la Nación. Asimismo, Bancolombia ha acatado los fallos proferidos por los diferentes jueces de conocimiento.

4. No obstante haber pagado el Banco la condena que le fue impuesta y haber dado estricto cumplimiento a la sentencia de primera instancia, actualmente se adelanta en su contra un proceso ejecutivo que adelanta el Honorable Tribunal Superior de Bogotá, donde se surte el recurso de apelación de la sentencia interpuesto por el apoderado de la señora Castillo.

5. Es un hecho probado en los diferentes procesos que se han surtido y tal y como se desprende de la sentencia proferida por la Honorable Corte Suprema de Justicia de fecha 5 de julio de 2007, que el señor Alfonso Ibarra, cónyuge de la demandante, suscribía en nombre de la demandante documentos tales como cheques, solicitudes de créditos, declaraciones de renta, entre otros, lo cual le da el carácter de plena prueba al dictamen grafológico que obra dentro del proceso y que indica que la firma estampada en la carta de autorización para la negociación de las acciones, es la del señor Alfonso Ibarra.

Bancolombia considera que este tipo de asuntos judiciales tiene unos escenarios naturales para que sean dirimidos, como lo son los jueces de la República y lamenta que sean utilizados los respetados medios de comunicación para divulgar información que no se ajusta a la verdad e incidir en las decisiones judiciales, tal y como ocurrió, por ejemplo, con las notas publicadas al respecto en los años 1998 y 2006 en medios escritos de amplia circulación. En consecuencia, como siempre lo hemos hecho, el Banco acudirá a los recursos otorgados por la ley en defensa de sus legítimos intereses y más aún en este caso, cuando el litigio se encuentra garantizado por Fogafín, y acatará en debida forma las decisiones que dentro del proceso sean adoptadas.

 Bancolombia. Medellín

Seis años del asesinato de Alfredo Correa

Alfredo Rafael era un hombre comprometido con la real democracia, con la academia. Fue el mejor de los pacifistas, una mezcla perfecta de puro sentimiento y conocimiento. Su vida la dedicó única y exclusivamente al estudio, a la investigación, a enseñar, a escuchar, a brindar consejos, proteger a los desprotegidos.

Se formó dentro de una familia ejemplar, fue el muchacho que a los 15 años y medio ya era bachiller, que se graduó de ingeniero agrónomo y luego abrazó la sociología de sus amores. Nunca se cansó de estudiar y capacitarse. Magíster en proyectos de desarrollo social, estudios de maestría en la Universidad París, fue rector de la Universidad del Magdalena. Desempeñó el cargo de Secretario Distrital de Participación Ciudadana y Secretario de Planeación en Barranquilla.

Pasó la mayor parte de su vida dedicado a su familia, estudios y viajes para capacitarse. Fue miembro fundador de la red universitaria para la paz “Unipaz” y de la red nacional de investigaciones sobre el desplazamiento forzado “Redif”.

Ese era Alfredo Rafael, blanco de los incapaces, de los mediocres, los violentos, los intolerantes, los desalmados e inmorales que han venido inundando nuestro país.

Ojalá que sus obras y sacrificio sirvan para corregir el rumbo. Ese era Alfredo, del que siempre mi familia se sintió y seguirá orgullosa. El mismo que convirtió su vida en algo bello y mágico, comprometido siempre al servicio de la academia y el nuevo país que siempre soñó.

Soy afortunada, qué gran hermano el que tuve, agradezco a mis padres por haber formado y traído al mundo a este ángel y a Dios por permitirme crecer a su lado y formar parte de su corta vida.

 Magda Correa de Andreis. Barranquilla.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

 

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