Por: Columnista invitado

De científicos y charlatanes

La ciencia tiene un prestigio bien ganado en el mundo contemporáneo. Nos regala una historia y una geografía de un universo formidablemente interesante, desde los quarks hasta los cúmulos de galaxias y desde el Big bang hasta hoy. Vivimos inmersos en los productos tecnológicos, como televisores, celulares, computadoras, satélites, internet, tomógrafos o GPS, que son derivados directos de la ciencia.

Sin embargo, por las rendijas de la sociedad se cuelan subrepticiamente toda suerte de psíquicos, astrólogos, médicos cuánticos (que no saben ni de medicina ni de física cuántica), cienciólogos, creacionistas, esotéricos, New age y otros charlatanes de mentiras cortas y patas largas.

Con las pseudociencias hemos topado. Son un conjunto amorfo de creencias que en ocasiones usurpan el lenguaje de las ciencias, a veces para prestigiarse y otras veces para descalificarlas, a veces inocentemente y otras peligrosamente. El problema es que nadie se asume como un pseudocientífico y la frontera entre ciencia y pseudociencia puede ser difusa.

La ciencia es fundamentalmente una actitud. Un clamor por una manera sistemática y racional de pensar. El científico indaga a la naturaleza a través de observaciones y experimentos, extrae datos, propone hipótesis, aventura consecuencias y las somete al veredicto implacable de las observaciones. Si no se adapta a los hechos, la ley simplemente no sirve,

La pseudociencia, en cambio, no se apoya en ningún principio de racionalidad, no exhibe datos reproducibles ni experimentos controlados. Se apoya en el comentario individual y anecdótico, en la opinión personal.

La ciencia muestra una evidente flecha de progreso. Las teorías actuales proveen una descripción de la realidad más precisa que en épocas anteriores. Las pseudociencias no avanzan y cultivan un fetichismo por lo antiguo.

La física predice y confirma: la existencia de Neptuno, la antimateria, el bosón de Higgs o las ondas gravitacionales, por ejemplo. La pseudociencia es incapaz de una anticipación, y si la astrología acierta (“este año será asesinado un líder”, “se producirá un terremoto en algún lugar del mundo”) hay un poderoso elemento de azar, y al final los desaciertos se olvidan y no invalidan ninguna hipótesis.

La ciencia contemporánea ha duplicado las expectativas de vida, ha multiplicado la producción y ha eliminado enfermedades de la faz del planeta. La pseudociencia descree de las vacunas y sataniza los transgénicos. La ciencia sabe ser modesta, reconoce sus límites. Sabe decir “no sé”. Pero cuando tiene certidumbre de sus resultados, los exhibe con arrogancia porque han sido suficientemente corroborados. La ciencia es dinámica, acontecimientos en desarrollo y opta por entender por aproximaciones sucesivas.

El pensamiento mágico es estático. Invocar el milagro o lo sobrenatural significa la ausencia de un programa. La energía oscura es el nombre de algo que no conocemos, pero para la física es una estrategia para averiguarlo. El diseño inteligente apela a la divinidad y ya no hay nada qué explicar.

Las verdades de la ciencia vienen de la codificación de la naturaleza. Las afirmaciones de la pseudociencia vienen de revelaciones místicas.

La ciencia puede equivocarse, pero colectivamente es una estructura capaz de autocorregirse. La ciencia sabe enmendar sus errores. A la pseudociencia no le importan los suyos.

El pensamiento no científico puede ser inocuo. Pero en ocasiones agrede a la ciencia y descalifica sus afirmaciones. Entonces puede ser altamente peligroso: puede justificar atrocidades en nombre de una pretendida pureza racial, puede matar niños por señalar que las vacunas infantiles causan autismo, promover la sustitución del aprendizaje de la teoría de la evolución por un vago creacionismo inteligente.

Edificar una sociedad sanamente escéptica y que sepa distinguir entre la ciencia y el fraude, sigue siendo asignatura pendiente.

Advertencia: Se ha determinado que el consumo de pseudociencias puede ser perjudicial para la salud.

*Doctor en Ciencias Físicas. Profesor de la UIS /@hectorrago

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