Por: Columnista invitado EE

De cómo Twitter volvió pornográfica la política

Por: Bret Stephens*

Esta es una columna en la que yo, formalmente, renuncio a Twitter para siempre. Conservaré mi cuenta y a mis seguidores, pero un asistente editorial la manejará a partir de ahora. Solo intervendré para decir cosas buenas sobre la literatura que admiro, la gente que me cae bien y la música que me encanta.

¿Por qué ahora? Porque, mientras leía un artículo de portada en la revista New York, se me ocurrió que Twitter es la pornografía política de nuestro tiempo: revelar pero distorsionando, emocionar pero insensibilizando, degradante para sus usuarios y, bueno, eyaculatorio. Es malo para el alma y, como lo demuestra a diario Donald Trump, malo para el país. El artículo, de Maureen O’Connor, utiliza el análisis de una década de macrodatos del sitio web Pornhub, que atrae a 75 millones de visitantes al día. El resultado es lo que ella denomina “el informe Kinsey de nuestro tiempo”, un retrato sin adornos y sin filtrar de la libido desenfrenada.

Dado que este es un periódico para la familia, los lectores tendrán a enterarse de los detalles más lascivos del artículo de O’Connor consultándolo por sí mismos. Sin embargo, resalta un punto importante. “La pornografía nos entrena a redirigir el deseo sexual como un deseo mimético”, escribe. “Es decir, la teoría sociológica –y el sueño de los comercializadores– de que los humanos aprenden a querer lo que ven”.

Steve Jobs expresó una idea similar en 1998: “La gente no sabe lo que quiere hasta que uno se lo muestra”. La tecnología no simplemente satisface necesidades. También las enseña. Usted nunca pensó que necesitaría un iPhone, pero así es. Usted no sabía que le gustaban los videos de masajes excéntricos, pero así es. Descubrimos nuestro ser más interno, más profundo, solo cuando alguien más abre la puerta del sótano.

Eso es lo que Twitter ha sido para nuestrala política. Una forma de escribir breve puede ser informativa, aforística y divertida. Twitter es increíble cuando se adapta como un servicio personalizado de cables y puede ser una forma útil de comunicarse con los lectores. ¿Y dónde estaría nuestra cultura literaria sin @WtfRenaissance o @LosFelizDaycare?

Sin embargo, los usos degradantes de Twitter tienden a abrumar al que es elevado. Si la pornografía se trata de un cuerpo desnudo y resoplando, Twitter se trata de un cerebro desnudo y resoplando. Es cualquier cosa que salta. Y lo que salta es demasiado revelador.

Otro conocimiento del artículo de O’Connor: “La porno siempre ha sido algo para darse el gusto de satisfacer deseos irracionales, secretos y socialmente inaceptables, lo cual hace que sea algo con lo que la gente también se siente libre para desbocarse en sus prejuicios y fantasías raciales.”

Twitter no es diferente. La intolerancia florece en Twitter ya que le ofrece al fanático los beneficios del anonimato, junto con la autopublicación instantánea y sin censura. Es el sitio donde su mente política puede ser tan infame como quieran que sea; sin el costo, ni la reputación de riesgo al mostrar el rostro en un mitin de Richard Spencer.

Twitter no solo amplifica la fealdad. Borra los matices, vulgariza el pensamiento, se convierte en el juego del “teléfono roto”, en el que el significado original se vuelve irremediablemente embrollado con cada retuiteo sucesivo. También facilita una forma de intimidación digital santurrona y un comportamiento gansteril que puede arruinar la vida de las personas.

Solo hay que preguntarle a Justine Sacco, una ejecutiva en relaciones públicas que en el 2013 envió un tuit irónico a sus 170 seguidores, justo cuando estaba a punto de abordar un avión a Ciudad del Cabo. “Voy a Africa”, escribió. “Espero no contagiarme de sida. Solo bromeo. ¡Soy blanca!”.

Bajó del avión para descubrir que lo que pretendió que fuera una observación mordaz sobre los privilegios de los blancos, no se había interpretado así y que en 11 horas cortas se había convertido en la racista de los carteles en una campaña vergonzante en todo el mundo. Perdió el trabajo. Twitter, como ha notado el escritor Jon Ronson, es la respuesta del siglo XXI al escarnio.

Eso, también, es parte de la pornografía en Twitter: placenteramente se da prueba de la burla o la humillación de otros. Cosas que jamás diríamos en persona, actos que nunca realizaríamos, darse el gusto de hacerlo se vuelve seguro gracias a la profilaxis de una interfase digital. Cuando aceptar este empleo, un gracioso en Twitter escribió que esperaba que me “trataran como a Danny Pearl”. Debe haberle parecido chistosos. No lo fue para mi hijo de 11 años.

Ninguna discusión sobre los males de Twitter estaría completa sin tratar de entender la debilidad por él del presidente 45 de los Estados Unidos. No debería sorprender que él sea un entusiasta usuario, ya que es el medio viperino para el cerebro viperino.

Sin embargo, también es idealmente adecuado para su estilo de política de multitudes: sin mediación, terminante y explosiva. Es la forma en la que escapa a la influencia moderadora de sus asesores y de quienes le escriben los discursos. Es como mantiene el aura de autenticidad carismática que es un prerrequisito de la política populista. Es como finge socializar con sus seguidores, en tanto que incrementa la distancia que lo separa de ellos. A Juan Perón le habría encantado Twitter.

La política, como eros, puede abrir un camino a la elevación del alma. O puede hacer lo opuesto. Es el momento para que la gente a la que le importan la política y el alma se separe de Twitter.

* Premio Pulitzer al Mejor Columnista en 2013.

2017, New York Times.

700985

2017-07-01T22:00:45-05:00

column

2017-07-01T22:14:38-05:00

[email protected]

none

De cómo Twitter volvió pornográfica la política

52

6982

7034

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado EE

Bailando al ritmo que nos tocan

Alguien excepcional

Mermelada electoral