Por: José Fernando Isaza

De constituciones y lógica

KURT GÖDEL, EL MÁS FAMOSO LÓGI- co matemático del siglo XX, reputación que comparte con Bertrand Russell, cuyos aportes a esta disciplina fueron fundamentales, huyó del nazismo en 1940 y se refugió en la Universidad de Princeton.

Allí tuvo como compañero de caminatas a Albert Einstein y como consejero de asuntos cívicos al economista y matemático Oskar Morgenstein. Éste a su vez creó la rama de la matemática denominada teoría de juegos en asocio con John Von Neumann.

En 1946, Gödel solicita la ciudadanía norteamericana; escoge como sus asesores y testigos en los trámites y la preparación del cuestionario verbal al que sería sometido a sus dos amigos, anécdota que cuenta Morgenstein en sus memorias.

Gödel creía que el examen iba a versar sobre un profundo conocimiento de la historia, cultura e instituciones. Se preguntaba cuál es el límite entre un área urbana y el suburbio rural. Hoy un lógico “difuso” contestaría fácilmente esa inquietud. Estudió la historia de las tribus americanas, la evolución institucional del condado en que vivía. Todo marchaba bien pero encontró un gran problema. El análisis lógico de la Constitución le permitió concluir que tiene contradicciones internas y que es posible, de manera totalmente legal, que un presidente se convierta en un dictador e instale un régimen fascista.

En el viaje de Princeton a Trenton, Morgenstein hizo de conductor. Einstein de copiloto y Gödel iba de pasajero. Se angustia con la pregunta de Einstein “¿Bueno, Gödel, está usted realmente bien preparado para el examen?”.

Contra todo pronóstico la declaración ante el funcionario desemboca en la inconsistencia de la Constitución norteamericana. Morgenstein lo narra así:

Funcionario: “¿Señor Gödel, de dónde viene usted?”

Gödel: “Vengo de Austria”.

Funcionario: “¿Qué clase de gobierno tienen en Austria?”

Gödel: “Era una república pero la Constitución permitió que se transformara en una dictadura”.

Funcionario: “¡Oh! eso está muy mal. Pero afortunadamente esto no puede ocurrir en nuestro país”.

Gödel: “¡Oh!, sí y puedo demostrarlo”.

Afortunadamente, el funcionario sabía a quién entrevistaba y quiénes eran sus testigos, por lo cual decidió no continuar con el interrogatorio. Gödel obtuvo la ciudadanía.

Lo anterior es una larguísima introducción a las conclusiones de los constitucionalistas Jon Elster y Stephen Holmes, sobre la situación colombiana. En reciente seminario realizado en la Universidad Nacional afirmaron que el gran problema que Colombia afronta es la facilidad que tiene un ejecutivo autoritario para modificar la Constitución y perpetuarse en el poder.

Ante la pregunta ¿qué puede hacerse? respondieron: “Creemos que nada, no vemos solución jurídica”. Mencionan cómo el orden jurídico norteamericano, para evitar que un presidente decida acusar de traidores a sus opositores, define este concepto en la Constitución y es restringido y difícilmente modificable.

Los que aún creemos en el Estado de Derecho nos asustamos del concepto de Estado de opinión; este nos recuerda los juicios de la Revolución Cultural China o los Congresos del Partido Nazi en Nüremberg, con amplio apoyo de opinión, y los juicios televisivos en Cuba. También causan inquietud las órdenes de captura o de eliminación en los Consejos Comunales.

 

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