Por: Indalecio Dangond B.

De cumbres, pactos y congresos

El pasado miércoles fui a escuchar a varios panelistas, entre ellos, representantes de organismos internacionales, empresarios y funcionarios públicos académicos que debatían temas sobre la Colombia rural, en el marco de la primera cumbre que organizó la revista Semana en Bogotá.

Si bien es cierto que estos eventos académicos sirven para debatir sobre los problemas que afronta el sector agrícola y rural del país, poco aportan a las soluciones concretas que requiere el campo colombiano. En las dos horas que estuve oyendo a varios panelistas, no escuché una sola vez las palabras productividad, rentabilidad y competitividad, los tres indicadores más importantes de un sector que cada día está más expuesto a la competencia de los mercados internacionales y a los riesgos del cambio climático.

La crisis por la que está atravesando el agobiado sector rural colombiano está exigiendo soluciones de verdad, que sean llevadas efectivamente a la práctica y perdurables en el tiempo. Si el Censo Nacional Agropecuario del 2014 confirmó que el 90% de los agricultores del país no cuentan con un sistema de riego, y si a esto le añadimos que el cambio climático redujo de ocho a cuatro meses las lluvias al año en las principales zonas agrícolas y ganaderas del país, ¿qué estamos esperando para arrancar con un plan de inversión en canales, embalses y sistemas de riego intrapredial con energía solar en estas regiones?

Cuando le pregunté a Michael Morris, analista del Banco Mundial que se encarga de las operaciones de crédito, si tenía en su escritorio alguna solicitud de crédito del Ministerio de Agricultura para fomentar la inversión en sistemas de riego en Colombia, me respondió que no. Si el Banco Mundial, el BID y la CAF han financiado en México, Ecuador, Costa Rica y Perú, entre otros países de la región, este tipo de programas con créditos blandos a largo plazo, ¿por qué no hacerlo en Colombia? Findeter, Bancoldex y Finagro podrían servir como vehículos de redescuento para trasladar esos recursos a los productores del campo.

En el panel de financiamiento agropecuario tampoco vi propuestas que ayudaran a bancarizar a los 2,4 millones de productores del campo que según el DANE están por fuera del sistema financiero. Desde este espacio he propuesto varias veces al Gobierno, a los gremios de la producción agropecuaria y al Congreso establecer una mesa de trabajo para crear un nuevo sistema de financiamiento agropecuario integrado a los contratos forward, garantías complementarias, seguro agrario y coberturas de precio de mercados, para llegar oportunamente a más productores con menor riesgo. Nunca tuve una respuesta.

No estuve presente en el panel sobre la problemática de acceso a tierras, pero según las conclusiones de los organizadores de la cumbre no hubo tampoco una propuesta sexi que cambiara la vieja y demagoga discusión de la distribución de la propiedad rural en Colombia, cuando existen más de 34 millones de hectáreas sin explotar y las que están siendo explotadas están —en su mayoría— en venta.

Les dejo esta reflexión del expresidente estadounidense Dwight D. Eisenhower: “La agricultura se ve fácil cuando el arado es un lápiz y se está a mil millas del campo de maíz”.

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