Por: María Elvira Bonilla

De desgracias y matrimonios

Si las encuestas aciertan, el próximo gobernador del Valle es un ilustre desconocido de nombre Héctor Fabio Useche.

Entró al ruedo de la mano del destituido gobernador Juan Carlos Abadía, y ambos de la mano de Juan Carlos Martínez. Experto este último en hacerle el esguince a la ley y en burlar cualquier forma de institucionalidad. Cuando estaba libre y hacía política era un elector de fajo de billetes en el bolsillo, con lo que consiguió armar un fortín político sin dejar huella hasta que la Corte demostró en un sólido expediente judicial sus actividades ‘non sanctas’ y lo condenó a 7 años y 5 meses de prisión por nexos con narcotraficantes y paramilitares y a pagar $3.500 millones.

El Inpec no ha conseguido controlarlo. Se vieron obligados a sacarlo de La Picota y trasladarlo a la cárcel El Bosque de Barranquilla porque había convertido su celda en centro de relaciones políticas entre viandas y francachelas. En Barranquilla descubrió rápidamente la ruta para burlar las restricciones y consiguió que un juez le autorizara visitas periódicas a Cali, amparado en una disculpa familiar pero con un evidente propósito electoral. El ministro de Justicia puede terminar de rey de burlas en su intento por controlar a través de un funcionario del Inpec a Martínez en sus 72 horas de visita al Valle.

Martínez es uno de los tantos colombianos que actúan convencidos de que los seres humanos tienen un precio. Se vanagloria de su habilidad para tasárselo y actúa en consecuencia frente a jueces, guardianes y cualquier funcionario que se convierta en obstáculo de sus planes.

Useche se estrenó en la gestión pública en la Secretaría de Salud bajo el ala de Abadía. Basta ver el estado calamitoso en el que dejó el Hospital Universitario del Valle y saber de la multa que la Superintendencia de Salud le impuso al departamento, por no haber ejecutado a cabalidad programas prioritarios de salud durante los dos años de Useche en la Secretaría, para constatar que la incompetencia, la demagogia, la politiquería y la corrupción se van a instaurar nuevamente en el departamento. Atrás quedará el efímero esfuerzo de depuración y de intento de poner la casa en orden que realizó el gobernador encargado Francisco José Lourido. La desgracia parece rondar nuevamente al próspero Valle del Cauca.

Contrasta con los buenos augurios que puede traer el matrimonio que se acaba de formalizar entre Antanas Mockus y Gina Parody como opción para la Alcaldía de Bogotá. Parody, quien sale fortalecida con el apoyo de Mockus, puede convertirse en la tercera vía frente a la polarización Peñalosa-Petro. Tengo presente su templanza cuando, junto con Rafael Pardo, fueron los dos únicos parlamentarios que confrontaron públicamente la entrada triunfal de Salvatore Mancuso, Ernesto Báez y Ramón Isaza al Capitolio. Rompió con el uribismo cuando estaba en la cresta de la ola, para dejar en claro que en política no “todo vale” para alcanzar las metas y que los principios cuentan. Valiente e independiente, dos palabras que definen a Parody en un momento en que la ciudad lo necesita.

 

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