De El Dorado a Galán, una afrenta a la historia

La familia del desaparecido líder liberal Luis Carlos Galán, a través de sus voceros en el Congreso de la República, pretende legislar para cambiarle el nombre a nuestro aeropuerto internacional, bellamente llamado “El Dorado”, por el del mencionado político.

Estoy seguro de que el pueblo de Grecia jamás permitiría que le cambiaran el nombre del Partenón por el de Papandreu; ni en México el de Chapultepec por el de López Portillo; o en Argentina el de Bariloche por el de Eva Perón. Así tampoco nosotros debemos admitir que nuestros “padres de la patria”, a quienes elegimos para presentar y aprobar proyectos que realmente conciten el clamor nacional en las verdaderas y urgentes necesidades del país, se dediquen a borrar de nuestra memoria a Guatavita, Chicamocha, Tequendama, Monserrate y Palonegro.

Ya es hora de que los colombianos nos detengamos en ese afán de extinguir los valores históricos, míticos y fabulosos que constituyen en conjunto las creencias, costumbres y tradiciones de un pueblo para dar paso a intereses particulares que por perpetuar nombres de personas ilustres desplazan otras memorias históricas que comprometen en su reconocimiento y en un mayor grado a una nación.

Al señor Galán ya le han erigido, tan sólo en Bogotá, estatuas y monumentos; sin olvidar que llevan su nombre un velódromo, una avenida, un barrio y seguramente otros sitios en el contorno nacional. Con gran sorpresa y perplejidad leo en la revista Semana que existen en la actualidad 36 colegios que llevan el nombre de Luis Carlos Galán. ¿No será ya suficiente?

Siento dolor de patria al no volver a oír mencionar hace ya mucho tiempo el teatro Colombia, el aeropuerto Matecaña, el parque Julio Flórez y otros más que me harían interminable la enumeración. Ojalá y no les dé por cambiar los nombres del Parque Nacional, el Simón Bolívar y otros que llevan la impronta de nuestro folclor y simbolismo nacional.

 Rafael Eduardo Andrade Tovar. Bogotá.

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