Por: Antonio Casale

De héroes y villanos

El fútbol, ya lo sabemos, se parece mucho a la vida real. Tal vez más que cualquier otro deporte. ¿Y saben por qué? Porque el fútbol, como la vida, está lleno de injusticias, y la vida es así.

Son las consecuencias de un reglamento entregado al error humano, a lo que los jueces, de buena o mala fe, nunca lo sabremos, decidan. A partir de ahí, todos son héroes o villanos.

Normalmente, el victorioso siente que fue un justo ganador, por su manera de desempeñarse en la cancha, porque jugó mejor al fútbol o porque sencillamente el resultado es lo que cuenta. ¿El árbitro? Nunca he visto a alguien de un equipo ganador diciendo que la ayuda del juez fue determinante.

Y por el otro lado, casi siempre se siente el sabor de la injusticia en el equipo perdedor. Que el juez, que la manera de jugar del contrario, que en el trámite fueron superiores pero los otros tuvieron fortuna. Incluso, cuando se aceptan las derrotas con hidalguía, como Piqué lo hizo tras perder la final de la Copa del Rey, se siente ese halo de injusticia alrededor. “Ganó el antifútbol”, comentaban quienes tienen afinidad blaugrana.

¿Que Pepe fue bien expulsado el miércoles pasado?, es claro para unos, y no tanto para otros. ¿Que Mascherano debió correr la misma suerte unos minutos antes?, también lo es para unos y no tanto para otros. ¿Que el marcador hubiese sido distinto?, nadie lo sabe.

Lo cierto es que gracias a la polarización que Madrid y Barcelona generan, y a las infortunadas declaraciones de Mourinho, el mundo del fútbol se quiere parar ante los villanos del Madrid y los superhéroes de Barcelona.

Nada más lejano de la realidad que eso. He visto a Barcelona clasificándose a las semifinales de la Champions en 2009 frente a Chelsea, con una actuación dudosa del árbitro que dejó de sancionar tres penaltis claros a favor del equipo inglés. Los he visto pegando patadas cuando han tenido que hacerlo, como Mascherano el pasado miércoles. También los he visto tirando el balón lejos cuando las cosas están difíciles, discuten con el árbitro, hacen tiempo si es necesario, cometen faltas como todos y, claro, vi a Guardiola enojado pronunciando groserías contra Mourinho.

Eso sí, he visto al mejor equipo de fútbol de los últimos tiempos. Aunque no me guste el toque toque, los de Guardiola han implementado un sello propio, lo han construido con paciencia y estrategia, cosa difícil en tiempos en que los resultados se exigen de manera inmediata. Ese es su gran logro.

Pero en el fútbol, como en la vida, no hay héroes ni villanos. No es el angelical Barcelona ni tampoco el demoniaco Mourinho. Para ser exitoso se requiere no sólo de ser bueno y talentoso, también de cierta dosis propia del malo de la película. Y no les quepa duda, este Barcelona también la tiene.

 

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