Por: Marc Hofstetter

De imanes e impuestos

La exposición de motivos de la Ley de Financiamiento destaca dos objetivos más allá de aumentar el recaudo: incrementar el crecimiento económico y la progresividad.

En el frente de progresividad, la reforma aprobada tiene varios avances: los impuestos a los dividendos de 15 % si estos superan los 10 millones de pesos, el empinamiento de las tasas impositivas para ingresos altos de personas naturales, los impuesto a patrimonios superiores a 5000 millones y a la venta de inmuebles de más de 918 millones de pesos. Se quedó en el camino el impuesto a las pensiones altas, con el falso argumento de que gravaba a la clase media cuando en realidad solo habría recaído sobre el 1 % de los adultos mayores del país con más ingresos pensionales (como los congresistas).

Pero lo que desvela al gobierno es el crecimiento económico. Eso quedó corroborado por el presidente Duque horas antes de la aprobación de la ley: “Espero que la Ley de Financiamiento salga adelante, porque le permite a Colombia reactivar el crecimiento de esta economía. Aquí no podemos seguir con crecimientos mediocres”. Me recuerda a José Arcadio Buendía en Cien años de soledad, cuando los gitanos llevaron un imán a Macondo: "José Arcadio Buendía… pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra".

El gobierno escogió a dedo una serie de sectores, varios de ellos con un criterio cromático —deben ser naranjas o parecerlo—, a los que les dará ventajas tributarias y mantuvo otros privilegios a aquellos con acceso al poder como los de las zonas francas, que seguirán pagando menos impuestos que otros.

¿Y para los que no tienen capacidad de lobby? Una promesa (de difícil cumplimiento) de reducciones de a un punto por año en la tarifa de renta empresarial pero solo a partir de 2020 hasta llegar al 30 %. Así que en renta empresarial, los resultados de la reforma son un esperpento de descuentos escogidos a dedo con la esperanza de que mágicamente harán saltar el crecimiento. "Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.» Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados…. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras".

Me temo que en unos meses, cuando una nueva reforma tributaria sea inevitable, nos dirán que no hemos encontrado oro, que el crecimiento sigue siendo mediocre, porque el imán no era suficientemente grande, que hacían falta más descuentos para algunos. La ANDI, sin vergüenza como en esta reforma, dirá que no se puede crecer con impuestos tan altos y que hace falta que entreguemos más chivos y mulos a cambio de ese gran imán.  

Twitter: @mahofste

 

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