Por: Columnista invitado EE

De infarto

Por: Luis Fernando Ospina Vanegas

Las noticias en Colombia siguen siendo sobrecogedoras. A nadie le pueden quedar dudas de que somos un país de contrastes. De inmensas alegrías y profundas tristezas. De incertidumbres y desesperanzas, de héroes y villanos.

Esta semana lo volví a comprobar, como casi siempre, a través del cristal de los noticieros de televisión y en horario “prime time”.

Mientras Caracol Noticias proponía abrir su emisión con la historia de Karol Mariana, una niña que lleva su corazón artificial en su cartera después de recuperarse de un trasplante en Bucaramanga, segundos después nos aplicaba la dosis diaria de desesperanza y caos: El caso Santrich, los "falsos positivos", los derrumbes en la vía al Llano, la guerra comercial de Estados Unidos con China y la inminente eliminación de Nacional. Y por supuesto, el inicio de otro reality: Desafío Súper humanos. Lo de Karol Mariana podía esperar.

Pasé de inmediato de canal y RCN nos daba la misma medicina: Santrich, "falsos positivos", vía al Llano… Y, claro, el arranque de su programa estelar: El man es Germán. Lo de Karol Mariana ni siquiera estaba en el libreto.

Y no es culpa de los medios. En Colombia hay noticias que “venden” más que otras. Nosotros mismos lo hemos aceptado y propiciado. Era un pulso entre el Desafío Súperhumanos, que podría ser el caso de la niña y su corazón en la cartera, o el Man es Germán, que es lo más parecido a las declaraciones en seguidilla de César Gaviria, Andrés Pastrana, Aurelio Iragorri, porque Germán, no el Man, sino Vargas Lleras, no apareció en cámara, pese a que sí se reunió con el presidente Iván Duque por el tema del gran acuerdo nacional por la paz.

Cambiar de canal es, a veces, un ejercicio de masoquismo. A veces me pregunto si los noticieros se ponen de acuerdo para fabricar los libretos y los guiones de continuidad. Incluso hasta los de publicidad.

Con mínimas variaciones, unos y otros nos llenan de anuncios de bebidas con aloe vera, tratamientos contra la disfunción eréctil, pasajes de avión baratos, y adelantos de sus realities con cuerpos atléticos y sudorosos, por un lado; y charlatanes de pelo engominado y vedetes de gimnasio de barrio pobre, por el otro. Ambos son la muestra de lo que somos como sociedad.

Pero no hay que desistir. Así como hemos aguantado tantas dosis de insensatez y desparpajo y visto siempre a los mismos que nos las aplican, llámense los Gaviria, los Pastrana, los Iragorri, los Cepeda, los Petro, y ahora hasta los “Manguito”, me aguanté hasta el final de las noticias para ver la historia de Karol Mariana. Su problema de corazón comenzó hace cuatro años, pero los males de Colombia hace 200.

Y entonces fue cuando salí de la anestesia diaria que nos produce la polarización y los llamados a la guerra y pensé cómo sería Colombia si pudiéramos implantarle un corazón bueno a tanto cuerpo enfermo que, no hace cuatro años, sino 200, rige los destinos de este país.

Fue en ese mismo momento en que cambié de canal y supe que entre un hecho u otro, entre cuña y cuña, da lo mismo escuchar a Gaviria que a Pastrana, ver a Iragorri que a “Manguito”; o que nos vendan un tratamiento contra la impotencia sexual antes de ver el Man es Germán. De infarto.

 

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