Por: Mario Morales

De intimidades y autorrevelaciones

¿Qué hay detrás de la dolorosa caminata del presidente Santos, frente a cámaras, tras salir de la clínica donde fue intervenido de la próstata? ¿Estuvieron de acuerdo el cuerpo médico, su familia y él mismo? ¿No era mejor en silla de ruedas o apoyado en alguien?

Hubiéramos entendido, decimos ahora. Pero no, era antes que nada un acto político acorde con las nuevas relaciones entre gobernantes y ciudadanos mediatizados, tal como ha sido todo el manejo de exposición de su enfermedad, tratamiento y recuperación.

Esos pasos querían enviar un mensaje más contundente y “veraz” que cualquier parte médico y apelaba a la solidaridad, cohesionador de la ‘sociedad de la autorrevelación’ (al decir del teórico John Thompson), con un hombre, pero también con el poder que representa, luchando por sus propios medios contra la adversidad.

Contar con cuentagotas aspectos de la intimidad reduce la curiosidad, como se notó en la escasez de preguntas periodísticas al respecto; controla la tematización del problema, pero sobre todo se gana, en términos de Thompson, la confianza, el capital supremo de un gobernante, expresado en la credibilidad, que tanto necesita Santos para este proceso de paz.

Eso no lo ha atendido, o no lo ha entendido bien, el vicepresidente, empecinado en ocultar, si bien pueda deberse a distintos niveles o estados de salud. Tampoco lo trabaja Petro. En cambio a Chávez le funciona a la perfección, ayudado por una oposición ansiosa que jugó a poner plazos médicos de supervivencia y fue derrotada por el vigor del mandatario.

En otro ámbito, un ejemplo es el de Valerie Domínguez, que con exposición de correos privados recuperó la iniciativa en lo judicial y el cariño de las audiencias. Para no citar los realities televisivos que al revelar todo de sus participantes, dan origen a interrelaciones apartadas de ideologías y centradas en fortalezas y debilidades: la confianza de la que habla Thompson.

 

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