De la DIAN sobre una caricatura

Con sorpresa nos encontramos con la caricatura de Betto del pasado miércoles 8 de abril, publicada en El Espectador, que sugiere que los comunicados entregados por la DIAN a sus clientes son “panfletos”.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, RAE, considera el panfleto como “libelo difamatorio, o un opúsculo de carácter agresivo”; y de libelo, indica que es un “escrito en que se denigra o infama a alguien o algo”.

Es inaceptable sugerir o insinuar a los lectores de tan importante periódico y que a diario siguen las caricaturas de Betto, como una forma elevada de la libertad de expresión, que los comunicados y requerimientos de ley que entrega la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales en todo el país guardan similitud con un panfleto.

Las comunicaciones y los requerimientos que la entidad expide, como la rectora del recaudo de los impuestos nacionales y del manejo de las aduanas, responden a la aplicación de la ley vigente. Y tratándose de los impuestos, están direccionados a asegurar el recaudo justo de los mismos. La labor de la DIAN es constitucional y los ciudadanos deben entender que tienen, así como derechos, también deberes, siendo uno de los de mayor altruismo y solidaridad, el del pago cumplido y oportuno de sus impuestos.

Por esa libertad de expresión invocada por los periodistas y comunicadores y por el artículo 20 de nuestra Constitución, que defiende y propugna por el derecho a la, y de la, información, es que solicitamos la aclaración respectiva de lo sugerido en la caricatura.

Es más, fue muy desafortunada la coyuntura de la elaboración y publicación de la caricatura refiriéndose a ese “panfleto”, cuando el país presencia con honda preocupación las amenazas proferidas contra nuestros jóvenes de las ciudades colombianas, esas sí, cuartillas de dudosa procedencia.

 Néstor Díaz Saavedra. Director de la DIAN. Bogotá.

Las izquierdas

Ha publicado El Espectador un interesante artículo de M.A. Bastenier donde hace un análisis, periodístico más que histórico, sobre el porvenir de América Latina. El fenómeno es más profundo, se trata de la muy lenta evolución de nuestro continente hacia una sociedad democrática y moderna. Nuestras naciones se empezaron a formar en medio de una conquista a sangre y fuego. Nuestra historia es lenta y dolorosa. La lucha de nuestros libertadores tuvo en un principio destellos y aciertos notorios. Hoy, después de dos siglos de lenta evolución, no sabemos hacia dónde vamos, pues ni siquiera países como Colombia se han definido por una Constitución que sea respetada y puesta en práctica. Navegamos en una nave frágil, gobernada no por una dictadura, sino por los intereses económicos y políticos de unos pocos grupos que manejan a su antojo la política y las finanzas. Bastenier nos lanza sus apreciaciones que son bienvenidas, pues pueden ser el comienzo de un debate en que se analicen a profundidad los factores que pueden determinar el futuro de nuestra sociedad hundida en charcos de sangre.

 Julio Alejandro Camelo.  Bogotá.

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