Por: Ricardo Bada

De la importancia de las comas

Cierta vez leí en un diario madrileño una gacetilla sobre incidentes xenófobos en Alemania: concluía diciendo que el incidente era obra de «grupúsculos insignificantes, según la Policía de extrema derecha».

Y a decir verdad no creo que la policía haya sido nunca, jamás, en ningún país del mundo, ni siquiera de centroizquierda. Así como me parece que lo que debió decir el cable es que fueron «grupúsculos insignificantes de extrema derecha, según la policía», o que se trataba, «según la policía, de grupúsculos de extrema derecha», y fíjense que siempre escribo la palabra policía con minúscula.


De todos modos no conviene ser demasiado duros con el redactor del cable. Recordemos que nadie menos que Cervantes, en la frase inicial del capítulo 6° de Don Quijote, nos dice que el cura «le pidió la llave a la sobrina del aposento». En buen castellano, Cervantes hubiese debido escribir que el cura «le pidió a la sobrina la llave del aposento», o bien «le pidió la llave del aposento a la sobrina». Así es que el redactor del cable antecitado puede dormir tranquilo y en buena compañía.


Lo curioso es cómo este género de tropezones consigue devolverle a uno –sin querer, claro está– la confianza y la fe en el sistema parlamentario. Y no se crean que intento hacer un chiste. Les cuento.


Hace años, estando en la oposición, el partido socialdemócrata alemán propuso como candidata al Tribunal Federal de garantías constitucionales a su vicepresidenta, Herta Däubler-Gmelin, luego ministra de Justicia cuando ese partido llegó al gobierno. La citada propuesta fue rechazada porque la nota universitaria mínima para acceder al cénit del currículo judicial alemán es 8,0 en el examen de grado, y la candidata sólo había obtenido un 6,7.


La desairada jurisconsulta explicó y disculpó esa nota tan baja diciendo que «por aquél tiempo [traduzco literalmente], debido a su actividad en el Parlamento, se encontraba sobrecargada de trabajo y en avanzado estado de gestación».


Cara...mba, exclamé al leerlo, éste es un caso de clarividente sentido de la responsabilidad demográfica, que también incumbe a los representantes del poder soberano: elevar la bajísima tasa de natalidad durante el trabajo parlamentario. Pues no de otro modo cabría explicar el hallarse preñada a causa de dicho trabajo.


Lo malo, pensé después, es que probablemente la Sra. Däubler-Gmelin dijo otra cosa y mis colegas lo transcribieron sin cuidarse de las comas. Y en tal caso sólo nos queda el consuelo de seguir renegando de la policía de extrema derecha, pero, éso sí, pidiéndole la llave a la sobrina. La de su aposento.


 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ricardo Bada

Rita y Camille

El tesoro de los quimbayas

Greguerías virtuales

Ejemplares caros de Cien años de soledad

La prima Vera en Praga