Por: Cartas de los lectores

De la perversión al cooperativismo

La perversión, entendida como lo "que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas" o algo sumamente malo que causa daño intencionadamente, es la práctica habitual de los delincuentes de cuello blanco.

Al entendido de que  Colombia  es un Estado de derecho, y como tal tiene su reglamentación, el  cooperativismo  en la Ley  79 de 1988 se declara como de interés común y lo define como “un sistema eficaz para contribuir al desarrollo económico, al fortalecimiento de la democracia, a la equitativa distribución de la propiedad y del ingreso... ”.

Esta clase de delincuencia se llama así, de cuello blanco, porque  es audaz y  con gran capacidad de actuación  ante los medios , y es difícil establecer si su acto corresponde  o no a una falta. Es tal su  fantasía que la sociedad, en parte, cae bajo el poder de su seducción.  Tal vez esa sea la razón  por  la  que la Superintendencia de Economía Solidaria   no  vea  irregular  que en cumplimiento de esos postulados  un  director cooperativo  obtenga en  Colombia un  salario mensual superior al del presidente de EE.UU., que gana mensualmente US$33.000.

A los ojos de este organismo, un sector cooperativo con salarios  de US$50.000 sería una prueba viviente del cumplimiento de la ley, de cómo Saludcoop, por mencionar un ejemplo, contribuye  a la regulación de tarifas, tasas,  costos y precios a favor de  las clases populares.

La distorsión de nuestra percepción  es tal  que  los medios  por poco nos hacen llorar a los ciudadanos  cuando  se entrevista al  perverso.

Estos miembros de tan insano club no sólo campearon en la administración publica, llámese DNE, Invías, Fondelibertad,  sino que también tocaron otras instituciones sin ánimo de lucro. Y la razón es una sola, las distintas superintendencias no tienen la capacidad de vigilancia y control  que son deseables. Cuando en la economía neoliberal el Estado  pierde su capacidad de control, la corrupción,  la perversión de principios se dispara a ojos vista de todos los ciudadanos.

Es urgente que las superintendencias crezcan en recurso humano altamente especializado, con una carrera de ascensos que estimule su estabilidad, contrario a lo sucedido en la SNS, responsable a cual más del crecimiento de la corrupción en salud, pues  la Ley 1122 de 2007 en su artículo 42 le ordenó la organización de la  defensoría, incluso en cada departamento de Colombia ,y a la fecha ha omitido  su cumplimiento.  Y, claro, sin que el procurador haya suspendido a algún superintendente por tan grave falta disciplinaria.

Hernando Otero Cúcuta

Envíe sus cartas a [email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores

Tres cartas de los lectores

Las pibas y el aborto

Dos cartas de los lectores

La guerra en pretérito perfecto