Por: Reinaldo Spitaletta

De la pestey el coraje

QUÉ PENSÁS VOS DE ESTE AÑO QUE se va, en un país como Colombia que tiene ribetes circenses y dramas como los de tener 18 millones de pobres, cuatro millones de desplazados (aunque el eufemismo oficial diga que son “migrantes”), seis millones de indigentes y una cultura mafiosa del “todo vale”.

Que tiene un Ministro de Justicia con un hermano acusado de pertenecer a la mafia y un Ministro de Defensa que ha debido renunciar después de conocerse uno de los hechos más infames de los últimos tiempos: los falsos positivos.

No sé qué pensás vos de este año de desastres piramidales, cuando miles de ahorradores fueron estafados sin que el Gobierno hubiese hecho nada para impedir la defraudación. Y cuando un ex ministro de Hacienda, burlándose de los trabajadores, dijo que había que rebajar el salario mínimo. Y cuando los escándalos de la parapolítica (o parauribismo) salpicaron a congresistas y motivaron ataques contra las Cortes de parte del Presidente de la República.

Este ha sido un año en el que pareció que todos los caminos conducen al Primer Mandatario hacia la dictadura, que se vislumbraba desde los tiempos cuando decía —no sé si recordás—, en su primera campaña electoral, que no estaba de acuerdo con la reelección, pero dejaba entrever sus intenciones de convertirse él mismo en las instituciones, en la política, en el partido. En el pensamiento único. Cosas del mesianismo.

Como aquí es corto el suceso (no hay seguimiento noticioso) y es tan largo el olvido, tal vez ya vos no te acordés de tantos hechos en un país en el cual se ha ido legitimando lo ilegal y el irrespeto por el Estado Social de Derecho y en el que las arbitrariedades no son extrañas. Como no lo es tampoco, por ejemplo, que delincuentes entren a la Casa de Nariño, o que se premie a ciertos funcionarios, acusados de delitos, con representaciones diplomáticas.

Aquí, en este país de farsas y mentiras de Estado, la desinstitucionalización comenzó hace tiempos. Es fácil cambiar un “articulito” de la Constitución para reelegir un presidente o comprar conciencias y votos. Este año volvió a estar en la palestra el caso de la yidispolítica, pero, en rigor, no pasó nada. El cohecho se quedó en un solo lado. A la acusada, los conmilitones presidenciales la tildaron de “psicópata criminal” y “secuestradora”.

En este año se puso de moda la cuatrimoto que, parece, reemplazó a los caballos finos y evidenció la corrupción y la penetración del poder mafioso en las estructuras del Estado. No sé si a vos te pareció que alcanzaron niveles de espanto los falsos positivos, que desde 2002 han dejado decenas de personas asesinadas por el Ejército y reportadas como guerrilleros dados de baja. La política de recompensas de la “seguridad democrática” aceleró las ejecuciones “extrajudiciales”, pero al asunto, de extrema gravedad, se le ha echado tierra. Un documento de la organización Justicia para Colombia reveló que el Gobierno colombiano paga por un cabecilla 1,7 millones de euros y por un guerrillero raso 1.300 euros. Las sumas motivaron a la soldadesca a cazar desempleados e indocumentados.

No sé qué pensás vos, pero a mí me parece que este año creció la repulsa social contra las políticas antipopulares del Gobierno. Y, en tal sentido, el personaje del año —como lo advirtió otro columnista— es la minga indígena, un paradigma de lucha para todos los que se van saliendo del “rebaño”. Contra la minga hubo disparos y macartizaciones. Se le acusó de terrorista y de estar infiltrada por la guerrilla. Los indígenas dieron una muestra de dignidad y coraje.

No sé qué pensás de este año que se va. Pero hubo gente, como los corteros de caña y los estudiantes, que alzó la voz contra el olvido. Un modo ejemplar de ir cambiando la historia.

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2008-12-22T19:47:54-05:00

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