Por: Mario Fernando Prado

De las patada a las matadas

EL BALANCE DEL FÚTBOL NACIONAL no puede ser peor. El otrora deporte de masas es hoy deporte de mazos.

Masoquistas y masoquismos amén de garrotes, palos, cuchillos y asesinatos y más asesinatos por parte de una horda de hinchas sin responsabilidad ni control.

Pasados estamos de suspender partidos y de cerrar estadios. La anarquía es tal que a los agresores —léase delincuentes y hasta criminales— ya no los judicializan. Ahora se inventaron la figurilla de la resocialización y por tanto estos hampones son casi héroes en sus comunas y barriadas.

Y es que el cáncer del fútbol no es nuevo. De refugio de fracasados morales y económicos pasó a ser virreinato de mafiosos y de narcos que se heroizaron y compraron jugadores, afición y directivas. Lo anterior trajo consigo el lavado de dólares y los clubes deportivos tornáronse paraísos fiscales.

De nuevo la cojeante ley se demoró y se demoró en actuar y cuando lo hizo, ya todo estaba consumado. Hoy los equipos de fútbol —salvo algunas rarísimas excepciones— son unas quiebras totales y, peor aún, un deplorable mal ejemplo para los idiotas útiles que lucen con orgullo unas camisetas salpicadas de sangre y olorosas a corrupción y a delincuencia.

Si a lo anterior le sumamos ahora la violencia, que ya no sólo es en los estadios sino en los alrededores de los mismos y hasta en las carreteras deteniendo el bus de unos aficionados que se apean del mismo para matar a un pobre muchacho que a dedo quería llegar a ver jugar un partido, pues estamos hechos…

El fútbol es hoy una salvajada y como tal, hay que meterle todos los rigores de la ley. Y después dicen que la mencionada salvajada son las corridas de toros. Falso. Por lo menos cuando se va a toros ya se sabe quién va a ser el muerto. En cambio, cuando se va al estadio, el muerto puede ser uno.

 

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