Por: Juan Pablo Ruiz Soto

De Ley Forestal a reforestación

La justicia cojea, pero llega. Así pasó con el intento de la Ley Forestal. Esta propuesta de ley se originó en la voluntad gubernamental de apoyar la reforestación y, en el proceso, se modificó y se pretendió una ley forestal general, que incluyera el aprovechamiento de las maderas provenientes del bosque natural. Esto último complicó la propuesta, la hizo contradictoria y cuestionable y generó un importante debate entre el Gobierno y los ambientalistas.

El aprovechamiento de la madera de los bosques naturales se ha hecho como si fuese un recurso minero, sin ninguna práctica de sostenibilidad económica, social ni ecológica. Esto ha significado la desaparición de algunas especies de maderas valiosas y, en muchos casos, la agresión a los pobladores locales que viven y utilizan de manera tradicional el bosque natural. El 28% del territorio nacional pertenece a tierras asignadas a comunidades indígenas y negras, mayoritariamente cubiertas por bosque natural, esencia del capital natural del país.

La propuesta de ley presentaba dificultades técnicas para la puesta en marcha de sistemas sostenibles de extracción de maderas en el bosque natural y generaba mayor vulnerabilidad para los grupos étnicos frente a los actores armados, pues incrementaba la presión y el riesgo de destrucción de formas de vida y tradiciones en poblaciones indígenas y afrocolombianas. En esta etapa de la historia nacional es muy precaria la gobernabilidad de los grupos étnicos sobre los territorios a ellos asignados y la Ley Forestal, más que una oportunidad, era una amenaza.

La Corte Constitucional, el 23 de enero de 2008, declaró inexequible la Ley Forestal. La razón es que la consulta a las minorías étnicas no se dio en los términos que exigen la Constitución y la ley. La Corte dice que la propuesta afecta a estos grupos por la vía de la explotación de los recursos naturales presentes en sus territorios y la protección de sus valores culturales, sociales y económicos, como medio de asegurar su subsistencia como grupos humanos. La ley incluía políticas generales, definiciones, pautas y criterios que podían modificar el manejo y uso de las áreas en las cuales se encuentran asentadas las comunidades indígenas, afectando su relación con el bosque. Según su veredicto, el proceso participativo que siguió la ley no sustituye la consulta formal que debería haberse adelantado.

La propuesta debe revisarse integralmente y quizá lo mejor es que se restrinja a la reforestación y el manejo de maderas cultivadas en el paisaje agropecuario, y no tocar lo referido a los bosques naturales.

Frente a países productores y exportadores de maderas cultivadas, Colombia tiene grandes ventajas comparativas, pues el grado de luminosidad permite un periodo de corte mucho menor y además se tiene un gran potencial para el cultivo de maderas tropicales. No sólo en plantaciones forestales uniformes y excluyentes de otros usos, como son las siembras que conocemos de pinos y eucaliptos, se puede producir madera. El proyecto “Enfoques Silvopastoriles Integrados para manejo de Ecosistemas”, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Global (GEF), la FAO y el Banco Mundial, y ejecutado por CATIE, Cipav y Nitlaplan en Costa Rica, Colombia y Nicaragua, demuestra que la alianza entre ganadería y producción de árboles tiene un gran potencial. Los análisis económicos muestran que cuando el productor ganadero incluye árboles en los potreros, mejora la rentabilidad. El ganado encuentra sombra y disminuye el estrés por calor y si la cobertura de los árboles es menor al 30%, se mejora la retención de humedad y se incrementa la producción de alimento. Hay especies arbóreas que proveen forraje para el ganado y, si son especies fijadoras de nitrógeno, se evita el uso de agroquímicos para la fertilización del potrero. Como dice un ganadero, con los sistemas silvopastoriles “están mejor la vaca, el ambiente y el productor”.

Como medida de mitigación al cambio climático, se puede obtener un pago por el servicio ambiental asociado a la fijación de carbón por los árboles en los potreros. Cerca del 40% de la superficie del país está ocupada por la ganadería y ésta, asociada a los árboles, es una efectiva estrategia de adaptación al cambio climático y hace el sistema productivo amigable con el medio ambiente. Claro, a toda costa, hay que evitar que se establezcan pasturas nuevas en áreas hoy cubiertas por bosques naturales.

La determinación de la Corte Constitucional sobre la Ley Forestal es bienvenida y contribuye a que aprendamos a seguir los procedimientos de acuerdo con la Constitución y la ley. Ahora hay que enfocar el esfuerzo, para definir una política nacional de apoyo a la producción de maderas en el paisaje agropecuario, dentro de la perspectiva del uso múltiple del suelo rural.

*Economista con especialidad en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Sus puntos de vista no representan a esa entidad.

 

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