Por: Salomón Kalmanovitz

De lo procíclico

LA SABIDURÍA KEYNESIANA HA SIDO reivindicada por las medidas fiscales y monetarias contracíclicas tomadas por Estados Unidos, Europa, Japón y China, que han logrado detener la viciosa espiral recesiva de la economía mundial.

En Colombia las cosas se han hecho de otra manera. En su discurso en Barranquilla para un evento que contó con la participación de Paul Krugman, el presidente Uribe afirmó que su política económica había sido contracíclica desde 2002. Con la economía postrada eso pudo ser cierto entre 2003 y 2005. Pero la estadística macroeconómica dice otra cosa para los años recientes: la economía se recalentó por el gran auge que estaba experimentando en 2006 y 2007 (cuando crecimos 7,7%), y el déficit fiscal del gobierno central se mantuvo cercano a 3% del PIB, lo cual contribuyó a la inflación de casi 8% de 2007.

Cuando el Banco de la República elevó sus tasas para enfriar la economía durante ese año, recibió fuertes críticas públicas del Gobierno. En el discurso en Barranquilla, el Presidente alcanzó a decir que estaba bien que el banco central hubiera elevado sus tasas, pero añadió que de pronto las elevó demasiado, insinuando que la recesión en que cayó la economía era su responsabilidad.

La economía se desaceleró en 2008 y el banco central cortó rápidamente su tasa de referencia, dejándola en 4,5%, o sea, hizo lo que tenía que hacer. El Gobierno, por el contrario, decidió reducir su gasto en concordancia con la baja de sus ingresos, lo cual contribuye a que la actividad económica caiga más de la cuenta. Para 2010, el presupuesto proyectado se reduce 1% del PIB y si no consigue fuentes de financiamiento interno puede que lo haga por bastante más. Peor aún: el Gobierno y Ecopetrol han salido a conseguir financiamiento en dólares, lo cual revalúa el peso y contrae la actividad de todos los sectores que exportan o compiten con las importaciones. Esta es una postura claramente procíclica e inconveniente.

¿Qué ha debido hacer el Gobierno? Coordinar con el Banco de la República para que éste soltara más liquidez, incluso directamente adquiriendo bonos del Gobierno (TES), de tal modo que el gasto público no se deteriorara y se financiara con pesos y no con dólares.

Para deteriorar más la situación, la política monetaria también se ha tornado contractiva, en la medida en que la inflación (3,3% en julio) cae muy por debajo de la meta que tiene el banco central (4,25%). Si aplicara la regla de Taylor —base del régimen inflación objetivo—, la tasa debiera ser negativa en términos reales. Una contracción de la industria de 8,5% y de 4% del comercio minorista es indicadora de una situación recesiva muy grave, incluso con perspectivas de seguir cayendo al considerar las retaliaciones comerciales del presidente Chávez.

En su pasada reunión del 28 de agosto la autoridad monetaria decidió mantener inalterada su tasa, lo cual me parece que fue una mala decisión. ¿Qué ha debido hacer? Pues reducir su tasa de interés de referencia a 3,25% para tener un nivel real de 0, algo que ayudaría a los agentes endeudados que verán reducir sus ingresos con la baja de la inflación. Ésta, sin embargo, es favorable para los consumidores, en especial por la gran corrección observada en el precio de los alimentos, que les libera ingresos para gastarlos en otros bienes y servicios. Pero si tenemos política fiscal y política monetaria contractivas, las dos se combinan para profundizar la recesión en que yacemos.

 

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