De los notables sobre los “impedimentos”

En edición del viernes de la semana pasada, el prestigioso diario que usted dirige planteó inquietudes sobre eventuales “impedimentos” de algunos integrantes de la “Comisión de Ajuste Institucional”, por existir denuncias preliminares en la “Comisión de Acusaciones de la Cámara” relativas a sus funciones como magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte Constitucional. Sobre el particular, nos parece relevante expresar  y precisar lo siguiente:

Aunque la “Comisión de Ajuste Institucional” no cumple funciones públicas y sus integrantes no estamos sometidos al régimen de incompatibilidades y prohibiciones de un servidor público, consideramos que como ciudadanos tenemos unos deberes éticos que deben guiar nuestras actuaciones. Por esta razón, si en algún momento llegare a surgir un conflicto ético en el marco de nuestra función académica, es deber expresarlo. La opinión pública debe tener la certeza, que si se llegare a plantear una inequívoca y objetiva incompatibilidad, no dudaríamos en marginarnos de la importante labor que nos fue encomendada.

La existencia de quejas o denuncias  colectivas, comúnmente desconocidas por los propios magistrados, que formulan frecuentemente los ciudadanos ante la “Comisión de Investigación y  Acusaciones de la Cámara”, con fundamento en la normal discrepancia por las miles de  decisiones colegiadas que anualmente  adoptan las altas cortes, no nos impide continuar con nuestra labor de formular propuestas al país para superar la crisis institucional, por cuanto el tema relativo a la investigación y juzgamiento de los altos funcionarios, entre otras razones, no ha sido ni será objeto de análisis por la comisión.

El 24 de junio de 2008, por considerarlo prudente, solicitamos a los demás miembros de la “Comisión de Ajuste Institucional” que analizara el tema planteado anteriormente. Después de deliberar sobre el punto, sin nuestra presencia, la comisión consideró que no existía ningún impedimento ético o legal para que continuáramos desarrollando la labor que nos fue asignada.

 Carlos  Ignacio Jaramillo, Eduardo Montealegre. Bogotá.

Seamos realistas, ¡pidamos lo imposible!

El título del artículo tomado de los grafitis del famoso Mayo del 68 en París siempre me impactó por su enorme metatexo y ahora sirve de referente para la propuesta que  aventuro a exponer ante el auténtico oxímoron de Honorables villanos de las mayoría del Congreso de la República. Veamos, en la antigua Grecia, lo relacionado con la Política era confiado a los ciudadanos  versados en asuntos humanos, del Estado, del bien común, y probos en lo personal. Cargos desempeñados a título honorífico por honorables ciudadanos que reflexionaban y trabajaban por el bien común de los gobernados, y no como medio de  enriquecimiento y prebendas en su propio favor como es a todas luces el caso colombiano. En tal sentido, es  urgente repensar las instituciones no suprimiéndolas, ni restándoles sus atribuciones, lo cual es un ex abrupto —los hombres pasan, las instituciones deben permanecer— sino buscándole soluciones simples y sabias a la manera de los antiguos griegos. En esta dirección, es indispensable conformar el Congreso primero que todo con ciudadanos versados, probos, y que tengan realmente voluntad política y de servicio al país, como ocurre por ejemplo con  los cargos académicos, científicos de investigación y de gestión cultural,  entre otros. Estos cargos los desempeñan profesionales por lo general decentes con verdadera vocación por la ciencia, la investigación, el conocimiento y consagrados al alcance de las metas propuestas.

Tal categoría de científico o académico la deberían tener los Padres de la Patria con cargos honoríficos de extrema respetabilidad y decente remuneración. Para contar  así con verdaderos servidores y no con  antipolíticos que cifran su proyecto de vida en enriquecerse y gozar de poder y prebendas como si se tratara de una multinacional.

¿Cómo se haría la elección?  Entre los  ciudadanos que muestran las cualidades de servicio y sacrificio arriba anotadas, además de poder vivir con honorarios de académico, científico o de gestor cultural colombiano. Acto de reconocida  heroicidad en Colombia por su superior esfuerzo de intentar sacar al país del subdesarrollo mental con relevantes resultados. Los políticos con pleonexia o avaricia extrema que ya mencionaba Homero, aderezada con hubris o insolencia (descaro, desfachatez, atrevimiento, petulancia, desvergüenza) saldrían de inmediato espantados, de acuerdo con el poeta-presidente “huirán veloces rabo al viento” en búsqueda de otras fuentes de fácil enriquecimiento personal. Y el país ahorraría los cerca de $24.400 millones mensuales, $292.844 millones en lo que va corrido del año. (El Tiempo, mayo 27-08). Suma increíble pagada por sostener al país en el estancado subdesarrollo e ignorancia por su propia conveniencia, según seria investigación del historiador Sanford.

Una vez depurado el Congreso, los  verdaderos congresistas merecedores del honroso título de Padres de la Patria procederían a estudiar, analizar y reflexionar, los problemas del país y a legislar en consecuencia por la construcción de un Estado justo, que procura el bienestar de los gobernados velando además por reducir la desigualdad que se enraíza en la iniquitativa redistribución como política fiscal en detrimento de los más pobres.

Lucía Rojas de Perdomo. Bogotá.

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