Por: Felipe Zuleta Lleras

De los odios y rencores

La semana pasada en este espacio hice un experimento que, debo decir, me dejó bastante satisfecho.

Me limité, como una forma de protesta, a repetir la frase “No más guerra. No más Farc”. Lo hice además porque consideré que era una forma de protesta en contra del crimen de los soldados en Arauca. Fui tendencia en Twitter por más de 24 horas. La mitad de las personas me insultaron, la otra mitad lo entendieron como una protesta.

Pensé nuevamente en lo polarizado que está el país y en el grado de odio que sienten algunos por todo lo que tiene que ver con el proceso de paz, con ellos mismos, con su país, con sus condiciones de vida, con sus coterráneos, con absolutamente todo.

Ahora bien, si los enemigos del proceso de paz quieren que escriba para endulzar sus oídos y atizar sus odios, se van a tener que quedar esperando porque, al igual que millones de colombianos, le aposté al proceso de paz y seguiré ahí hasta que el presidente no considere otra cosa.

No voy como columnista a aunarme a los que creen que la paz es solo un asunto retórico. Al igual que millones de colombianos he sido víctima de las Farc, a las que les debo haber tenido que vivir por fuera de Colombia por 10 años. Tampoco voy a variar lo que pienso porque algunos desadaptados me insulten en Twitter, pues como lo he dicho en el pasado y lo reitero, allí confluyen lo mejor y lo peor de la condición humana. Tuiteros respetuosos, talentosos e inteligentes, y otros agresivos, cobardes, pendencieros y groseros. A estos, especialmente, les notifico que, en lo que a mí respecta, mi cuenta de Twitter es como mi casa, en donde solo entran las personas que me da la gana. Y que, como lo hago con mucha alegría, bloquearé a los que insultan. La libertad de expresión tiene límites y pasa por el respeto. La controversia es sana, y pasa por el respeto. La pluralidad de opiniones es útil, y pasa por el respeto. Fácil.

En lo que tiene que ver con el contenido de esta columna, que he escrito por más de 15 años, pues que les quede claro a los que pretenden que vierta acá su bazofia, que eso tampoco pasará, pues precisamente se llaman columnas de opinión, porque están hechas para dos cosas: la primera para opinar, la segunda, para generar opinión.

Por supuesto que no iba a pasar de agache, aun cuando podría hacerlo y simplemente obviar el tema. Pero no lo hago porque miles de respetuosos lectores merecen que les cuente por qué la columna de hace una semana. A ellos mi gratitud. A los que me insultaron, me echaron la madre, me descalificaron hasta por mis preferencias sexuales, pues ahí los dejo con sus odios, porque han de ser ellos los que se hundan solos en sus propios excrementos y rencores.

Por lo pronto celebro que el Gobierno persista en el propósito de alcanzar la paz, la que veo remota, más por el odio entre los colombianos, que por la propia dinámica que tienen los diálogos de paz.

Adenda: Motivo vacaciones esta columna no aparecerá el próximo domingo.

 

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