Por: Cartas de los lectores

De la oficina del expresidente Uribe

De la oficina del expresidente Uribe

A propósito de la columna de Yohir Akerman, titulada “Cuando Uribe era liberal” (El Espectador, 01/03/16), nos permitimos reiterar que el expresidente Álvaro Uribe Vélez siempre ha reconocido que siendo senador durante el Congreso posconstituyente en 1992, ante la apertura de procesos judiciales en contra de los integrantes del M-19 por parte de una jueza de la República, lideró el reindulto para los exmilitantes del grupo guerrillero porque éstos ya habían sido indultados, se habían reincorporado a la vida civil, habían integrado la Asamblea Nacional Constituyente, participado en el Gobierno e, incluso, algunos de ellos estaban en el Congreso de la República.

No obstante que el momento histórico era distinto, el expresidente también ha manifestado en muchas ocasiones que las decisiones de impunidad que se tomaron en el proceso de paz con el M-19 dieron mal ejemplo en Colombia porque desaparecieron los uniformes de esa guerrilla, pero crecieron exponencialmente los de las Farc. No hay que olvidar que la guerrilla de las Farc rechazó la oportunidad de reincorporarse a la vida civil y tener participación política, y ahora se le acepta como que en los últimos 24 años, desde la Constitución de 1991 hasta la fecha, hubiera estado en actividad política armada, cuando su ejercicio ha sido narco terrorismo. Otro mal ejemplo.

Los cambios que se adelantaron en Colombia por medio de la Asamblea Nacional Constituyente (1991), y que ratificaron la voluntad de paz del M-19, contaron no sólo con la participación de sus exmilitantes y del gobierno de la época, sino de todas las agrupaciones políticas y los sectores sociales. Esto es contrario a lo que sucede en la actualidad, donde los acuerdos logrados entre el gobierno del presidente Santos y la guerrilla de las Farc, cuyos objetivos abarcan la agenda político-económica del país, no buscan ser refrendados mediante un gran Acuerdo Nacional que permita reflexión, modificación, aprobación o improbación de cada uno de los puntos, sino por medio de un plebiscito ilegítimo con una sola pregunta, engañando al pueblo colombiano bajo la cautivante palabra ‘paz’ y buscando ser aprobado con un umbral de 4 millones 400 mil personas en un país de 48 millones de habitantes.

Así mismo, al quedar demostrado que los procesos de paz con impunidad son procesos inestables, el expresidente Álvaro Uribe ha repetido muchas veces que se debe aprender de la lección que ha dejado el proceso con el M-19 para que la negociación con las Farc no tenga el factor de inestabilidad que deriva de la impunidad. Además, ha explicado un elemento adicional y es que en la década de los 90s no existía el Estatuto de Roma, tratado fundacional de la Corte Penal Internacional, el cual Colombia firmó en 2002, y que hace inviable en la actualidad el otorgamiento de amnistías e indultos para responsables de delitos de lesa humanidad, y en consecuencia su participación política.

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