Por: Juan Pablo Ruiz Soto

De París a Colombia, ¿qué sigue?

El acuerdo de París (AP) representa el compromiso y el deseo de los líderes políticos de 195 países de mantener la temperatura media mundial en máximo 2°C por encima de los niveles preindustriales.

Lo novedoso es el compromiso de identificar acciones y definir esfuerzos para limitar su aumento a 1.5°C. Esto demuestra la voluntad política planetaria de hacer frente a la amenaza del cambio climático.

La firma del AP por parte del presidente Santos y la ratificación que hará el Congreso deben significar cambios y ajustes, no sólo en la gestión gubernamental, sino en los sectores productivos y el día a día de los ciudadanos. El cambio climático es una realidad que estamos viviendo y sufriendo con los climas extremos y que tenemos que afrontar con efectividad y eficiencia para que sus impactos negativos sean menores. Hay muchos compromisos y algunas oportunidades.

Entre los compromisos más significativos a nivel global están:

Para el 2025, Estados Unidos disminuirá sus emisiones de GEI en un 26% con relación al 2005. Principalmente, des-carbonizando su producción de energía.

La Unión Europea bajará el 40% sus emisiones para el 2030 con relación a 1990.

China tendrá su pico de emisiones en el 2030 y estará generando por lo menos el 20% de su energía con fuentes renovables.

Para el 2025, Brasil disminuirá sus emisiones el 37% con relación al 2005. Principalmente disminuyendo la tala y quema de bosque.

Para el 2030, Colombia se comprometió a reducir el 20% con relación al 2010, y si hay apoyo internacional reduciremos el 30%.

Colombia tendrá que aumentar significativamente la generación de energía eólica y solar y no aumentar el uso de carbón (es posible negociar una compensación por dejar enterrado el carbón). El principal reto está relacionado con la deforestación y usos de la tierra, pues son las principales fuentes de emisiones que deben disminuir, mientras se mejoran las condiciones de vida en el campo y se avanza en la construcción de la paz. Según Ideam, las áreas de mayor deforestación en el 2014 fueron Caquetá, Putumayo, Meta, Guaviare y el nororiente de Antioquia. Áreas prioritarias para la construcción de la paz.

La oportunidad está en la implementación de sistemas productivos sostenibles para estas áreas. El Sinchi tiene resultados económicamente rentables para: 1. Enriquecimiento forestal de rastrojos con árboles maderables nativos como abarco, achapo, cuyubí, macano y brasil, entre otras especies; 2. Actividades agroforestales en terrenos de pancoger con árboles frutales como copoazu, asai, araza, cacao, caucho y maderables. Hay evaluadas 17 opciones de tipo agroforestal. 3. Sistemas ganaderos silvopastoriles con franjas de maderables en potreros y árboles dispersos en praderas, también probadas por Cipav y Fedegán. 4. Manejo del bosque asociado al uso de productos no maderables. Ya se han identificado diez especies con potencial en bosques intervenidos en fincas del Guaviare.

La gestión de espacios de construcción de paz en áreas de expansión de frontera agropecuaria requiere frenar la deforestación y conservar o recuperar la estructura ecológica principal. Producción-conservación con sistemas de adaptación y mitigación al cambio climático es el gran reto. Determinación política, gestión ciudadana y cooperación internacional son indispensables.

 

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