De pirómanos y amateurs

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Me preocupa la política del Gobierno colombiano hacia Venezuela. No porque sus denuncias sean totalmente falsas. Maduro en efecto ha creado una crisis migratoria enorme. Encabeza un gobierno antidemocrático y represivo. Hay evidencia seria de que éste actúa como santuario para grupos armados ilegales colombianos. Y destruyó el aparato productivo de su país. Económicamente, el régimen de Maduro no ha funcionado y no puede funcionar. No apostaría un peso por su éxito en el largo plazo.

Pero en el largo plazo, decía el buen Keynes, todos estamos muertos. La política exterior debe tener metas amplias, pero a la vez algún principio de realidad. Nada de eso —ni los objetivos estratégicos, ni la comprensión mínima de la constelación de fuerzas dentro de la que se actúa— veo en el no tan lento descenso al infierno de la hostilidad abierta y no institucionalizada que están protagonizando los dos países. Un descenso, hay que decirlo, en el que el Gobierno colombiano tiene una alta responsabilidad.

 

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