Por: Carolina Botero Cabrera

De prácticas políticas

Por ser el único presente, el lobby de la industria terminó posicionando como “natural” el discurso proteccionista comercial de propiedad intelectual de la segunda mitad del siglo XX, que consiguió políticas ajustadas a sus intereses sin autorregularse con argumentos de interés público, porque chocaban con los suyos.

La victoria del partido pirata en el parlamento de Berlín (15 escaños y casi 10% de los votos) refuerza el principio del sutil pero constante cambio institucional que estamos viviendo. Los piratas empezaron en 2006 hablando sobre descargas de internet y protección de datos. La plataforma se amplió a educación, patentes y derechos ciudadanos. Su crecimiento se debe al voto joven y puede atribuirse a los excesos proteccionistas mencionados.

La entrada de actores enterados y motivados, usando efectivamente otras “formas” (diferentes del lobby tradicional), expondrá las preocupaciones del resto de la sociedad en educación, salud, cultura, etc., y aunque no termine con el lobby, equilibrará su injerencia.

La tecnología afecta tanto los usos sociales que la gente está dispuesta a hacer el cambio de la democracia representativa a la participativa y trasladar al quehacer político también sus valores.

No adhiero al partido pirata, porque su premisa es acabar el derecho de autor, y aunque tenga una visión crítica yo apoyo el sistema, pero me interesa como fenómeno de nuestra era y en oportunidades tengo afinidad con sus posturas. Precisamente sobre lo sucedido en Berlín, Falkvinge (The Daily Attack) afirma que la llegada de los piratas será especialmente efectiva para contrarrestar el lobby de la gran industria sobre temas de propiedad intelectual. Lo compara con el efecto de los verdes en los setenta sobre el lobby de las petroleras y resalta, además, la transparencia en sus formas.

Estos procesos de cambio son lentos, se soportan esencialmente en voluntarios no pagos, pero el verdadero problema es que las instituciones no dimensionen las posibilidades de la diversidad en el discurso, como sucedió en www.democraciaenlinea.co, que ya sólo vale por su buena intención.

Por cierto, este fin de semana se vota ACTA y ya se sabe que por presión ciudadana varios países no lo harán, entre ellos México, y parece que Europa tampoco.

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