Por: Mauricio Botero Caicedo

De precios y de nacionalizaciones

SEGÚN EL TIEMPO, (ABRIL 6/08): “Mientras que en marzo la inflación anual llegó a 5,93 por ciento, la de regulados aumentó 7,7 y fue responsable, según un informe de Citibank, del 70 por ciento de la aceleración de la inflación sin alimentos, la cual es un indicador clave para medir la eficacia del Banco de la República en su tarea de controlar el costo de la vida”.

Dicho de otra forma, los colombianos estamos en el peor de los mundos: mientras que el Emisor sube los intereses —sin tener en cuenta la inmensa carga que ello representa para todos los acreedores, especialmente los de menores ingresos—, el Gobierno se cruza de brazos ante las alzas de los precios regulados. El país se encuentra en el círculo perverso de un gobierno alimentando la inflación; lo que a su vez lleva al Banco de la República a subir los intereses; aumentos que atizan la hoguera inflacionaria y revaluacionista.

Para unos es una enorme sorpresa que los precios controlados por el Gobierno sean los que más suben: El Tiempo, en el mismo artículo, subraya: “Paradójicamente, en vez de ayudar a que la canasta familiar no suba, los precios regulados la empujan hacia arriba. Habría falta de coordinación de las entidades que definen las tarifas”. A otros, la noticia no nos sorprende en lo más mínimo: los controles de precios tienen una serie de consecuencias funestas, principalmente que conducen a escasez y a altos precios. Los países que han impuesto dichos controles generalmente terminan con inflaciones sustancialmente mayores que aquellos países que no los han puesto. El caso más protuberante es el de Venezuela que, siendo el país en América Latina con mayor injerencia en los precios internos, es simultáneamente el país con mayor inflación. (Por encima del 25% anual).

En Colombia gran parte de la culpa del fenómeno de que aumenten los precios controlados la tiene el mismo Gobierno, por dos razones: la primera es que no ha querido o no ha podido desmontar los subsidios, especialmente en los combustibles y en los servicios domiciliarios. La segunda es que sigue anclado en un concepto obsoleto de lo que es un ‘monopolio natural’ y no ha querido establecer los mecanismos para que exista una verdadera competencia, especialmente en los servicios públicos. Mientras que en Europa y en ciertas partes de Estados Unidos uno puede escoger la empresa de energía eléctrica y de agua que le plazca, en Colombia seguimos atados a ‘monopolios naturales’ con licencia amplia del Estado para mantenerse de manera indefinida.

Y regresando al intervencionismo estatal, Chávez, con la excusa de controlar la inflación y el supuesto desabastecimiento en el mercado local, ha decidido nacionalizar la totalidad de la industria cementera y la mayor siderúrgica privada del país. Aparte de acelerar su peculiar modelo económico socialista, Chávez quiere castigar a los empresarios que no comparten su agenda. Es casi seguro que la industria alimenticia sea la próxima en ser nacionalizada y la banca vendrá no mucho tiempo después.

Simultáneamente a las nacionalizaciones, de acuerdo con la acusación del diputado chavista Wílmer Aguaje, dos de los hermanos del coronel, Argenis y Narciso Chávez Frías, han comprado —a través de testaferros y con fondos públicos— más de 20 haciendas en el Estado de Barinas. Siendo entonces muy probable que la totalidad de Venezuela termine en manos de la familia Chávez, ¿no será más realista cambiarle otra vez el nombre al hermano país para que refleje que, en vez de una República, Venezuela ha pasado a ser es una sociedad familiar en la cual el coronel Hugo Chávez es el principal socio gestor?

 

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