Por: Rafael Orduz

De profesionales y taxistas

Algo anda mal para algunos de los 160 mil graduados que la educación superior bota al mercado cada año en Colombia. Incluyendo formación técnica, tecnológica, universitaria, especializaciones, maestrías y doctorados, 1’621.000 personas se graduaron en la primera década del siglo.

La apuesta por el sueño del ascenso por la vía de la educación superior tiene algunos desenlaces dolorosos. En primer lugar, de acuerdo con el Observatorio Laboral del MEN, la proporción de los graduados que no están vinculados al sector formal es alarmante.

Según la información que el Ministerio de Protección suministra al de Educación (aportes al Sistema General de Seguridad Social), el 34% de los técnicos, el 26% de los egresados de carreras tecnológicas y el 23% de los graduados de universitarias de pregrado no están dentro del sector formal. Súmese a esa cifra el 13% de los graduados con maestría y el 6% de los doctorados.

Traducido en seres de carne y hueso, sin contar los graduados del siglo XX en el mercado laboral, hay 361 mil hombres y mujeres jóvenes que le apostaron al sueño de la educación superior, que terminaron en el mercado del rebusque.

Segundo, los salarios que reciben los graduados de pregrado en el mercado formal dan pena. Un profesional graduado en 2001 recibía en 2010 un salario mensual promedio de $2’300.000. Los recién graduados reciben $1’724.000. Un técnico profesional y un tecnólogo se ganan, en promedio, $909.000 y $1’057.000 un año después de graduados.

Algo anda mal cuando los durísimos y honrosos oficios de taxista y conductor de buseta ofrecen mejores perspectivas para numerosos egresados de la educación superior.

Distinguiendo entre carros a gas y a gasolina, un taxista arrienda el vehículo por un precio que oscila entre $55 mil y $70 mil diarios. Todo taxista sabe que el oficio da, siempre y cuando se trabaje, al menos, doce horas diarias, jornadas que le pueden dejar $60 mil diarios, después de restar el combustible para cubrir entre 200 y 300 km de recorrido. Hay tesoneros que trabajan quince horas, para contar con $80 mil libres al final de la jornada.

Por su parte, los buseteros reciben $180 por pasaje ($1.450). En la más salvaje jornada a la que están sometidos, la de la guerra del centavo, pueden ponerse $100 mil o $120 mil, equivalentes a más o menos 500 pasajeros transportados, sin contar uno que otro que suben por la puerta de atrás.

Ganan más que el promedio de los profesionales, técnicos y tecnólogos recién egresados.

En ningún país medianamente civilizado serían aceptables las reglas de juego laborales de taxistas y conductores de buseta que rigen en Colombia. Sin embargo, las condiciones del mercado laboral de los egresados de la educación superior parecen llevar a que algunos contadores, ingenieros y otros profesionales prefieran conducir taxi.

Dinero que pierden familias y estudiantes, años valiosos que la sociedad malgasta en un sistema que genera profesionales que el mercado no aprecia.

 

 

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