Por: María Elvira Samper

De raras aves y golondrinas

SI EL PERDEDOR ABSOLUTO DE LAS elecciones es la Registraduría, el ganador indiscutible se llama Álvaro Uribe.

En una y mil formas, sin pudor alguno, haciendo oídos sordos a los tibios y tardíos llamados de atención del Procurador, el Presidente intervino en la campaña electoral para impulsar a sus huestes y al candidato de sus afectos, y a fe que le funcionó: las mayorías uribistas salieron consolidadas y entre La U, el Partido Conservador y el controvertido PIN, podrían alcanzar entre 58 y 59 de las 102 curules del Senado.

El triunfo de los uribistas es la confirmación de que el país es mayoritariamente conservador y confesional —a imagen y semejanza del propio Uribe—, amigo de la mano dura y, peor aún, indiferente o cómplice del clientelismo, la corrupción y la parapolítica.

Dos ejemplos sirven para demostrar que el proceso judicial que tiene a 82 ex congresistas investigados o en la cárcel —61 de la coalición uribista— no tuvo mayor trascendencia y que no hubo voto-castigo para la parapolítica. En la región Caribe, por lo menos 12 de los 22 senadores elegidos tienen nexos con procesados y/o condenados por los escabrosos pactos con las Auc; y en el Valle, La U coronó con una cacica bajo sospecha, y el PIN, que fue cocinado desde la Gobernación y La Picota, consolidó un siniestro fortín y se convirtió en la cuarta fuerza política. A ellos se suman otras aves raras de departamentos como Antioquia y los Santanderes.

Cabe recordar que, con la bendición y el auspicio del Gobierno, los uribistas impidieron la depuración del Congreso en 2008, cuando hundieron la reforma que proponía el retiro de los congresistas investigados por relaciones non sanctas. Como el objetivo era la segunda reelección del Presidente, había que proteger a las mayorías con todo y sus manzanas podridas. Y la que finalmente fue aprobada el año pasado resultó tibia: no prohíbe la participación electoral de familiares de políticos condenados por relaciones con grupos ilegales e impide que condenas individuales afecten a los partidos que avalaron candidatos con nexos con las mafias o grupos ilegales. Por eso el nuevo Congreso tendrá 22 senadores que tienen nexos con parapolíticos o investigaciones abiertas, y en la Cámara habrá muchos más.

Pero no todo puede ser lamento y crujir de dientes. Aparte de tantas aves de mal agüero, del triunfo de los uribistas y de la ratificación del clientelismo y la corrupción, una tímida lucecita parpadea al final del túnel, gracias al voto de opinión que le permitió al Partido Verde ganar cinco curules en el Senado. Pero si cinco golondrinas no hacen verano, al menos llevan vientos de primavera y pueden hacerse sentir con golondrinas de otros partidos que hacen nido en el Congreso.

Se hace política al andar y el camino está sembrado de espinas, pero los primeros pasos que han dado los tres tenores con su mensaje de que la unión hace la fuerza, van en la dirección correcta. ¿Será muy loco pensar que en las presidenciales, cuando más se libera el voto de opinión, una opción con Mockus a la cabeza podría pasar a la segunda vuelta? Las campañas de los candidatos no uribistas deben estar pensando en alianzas para no servirle en bandeja de plata a Juan Manuel Santos el triunfo en primera vuelta o permitir que sea entre dos uribistas la final. Mockus podría servir como catalizador de un amplio sector de opinión que quiere un cambio.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Samper

Más violencia no destraba el proceso de paz

¿Quién le teme a Vargas Lleras?

Un abismo entre obispos

Fiscal desbocado