Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

De regreso a clases

A pocos días de iniciarse el nuevo ciclo académico, el panorama educativo en nuestro país es bastante preocupante, incierto y desolador.

Son cientos los profesionales y universitarios que se encuentran en una encrucijada por ser deudores morosos del Icetex. Podríamos decir que este organismo prestamista y de usura educativa es el que mayor deserción educativa está generando en Colombia.

También hay que señalar el matoneo como otra de las causas de la deserción estudiantil a nivel de primaria y secundaria, por eso es urgente que se establezcan manuales de convivencia en convenio con profesores, padres de familia y estudiantes.

De otro lado, la corrupción ha permeado varias instituciones educativas. Son cientos los establecimientos que se encuentran en construcción o en remodelación sin terminar porque muchos contratistas recibieron los anticipos y se olvidaron de las obras, y varias de ellas están a punto de convertirse en elefantes blancos.

Hay otros varios factores que muestran la gravedad de la situación educativa en Colombia. Empecemos por decir que el ciclo académico del segundo semestre del 2019 continúa en veremos en muchos establecimientos, todo por culpa de las huelgas que se presentaron como consecuencia del recorte presupuestal y del robo y saqueo en varias universidades, donde se encuentran comprometidos varios de sus directivos.

Es preciso citar otros aspectos que generan la deserción estudiantil en los niveles de primaria, secundaria y universidades:

En el caso del ciclo de primaria, la grave situación económica impide a los padres de familia sostener a sus hijos estudiando, prefiriendo desplazarlos a sus fincas a desempeñar labores agrícolas.

Si se hace una evaluación de las escuelas rurales, el panorama es bien preocupante. Hay por todo el país establecimientos que fueron construidos con todas las de la ley, pero actualmente se encuentran cerrados porque la migración de los campesinos a las ciudades es tan alarmante que podríamos decir que la escolaridad rural en los niveles de primaria está llegando a su fin.

El ciclo de bachillerato también se está viendo afectado por la falta de alumnos, que prefieren dedicarse a la informalidad antes que terminar sus estudios de secundaria. La razón de esta deserción se torna más crítica, porque ya los potenciales estudiantes son jóvenes entre los 12 y 18 años. Muchas veces se dedican a trabajos informales, cuando no son arrastrados al comercio de las drogas, el gota a gota u otros ilícitos, como por ejemplo las galladas que se forman en los municipios y barrios.

Esta transición de jóvenes de primaria a bachillerato muchas veces se torna catastrófica, puesto que los padres de familia no actúan con inteligencia y comprensión para llevar a sus hijos por los caminos del diálogo y la persuasión educativa.

La educación superior en Colombia muestra un panorama bastante preocupante. Más del 50% de quienes inician una carrera se ven abocados a abandonarla, la mayoría de las veces por su situación económica. En el presente año, en relación con los anteriores, se vislumbra una deserción académica bastante alta, pues muchos jóvenes que terminaron su bachillerato no están en condiciones de ingresar a la universidad por los altos costos de las matrículas e implementos educativos.

Los créditos del Icetex son otra de las causas de la deserción universitaria: tienen a miles de profesionales postrados, pues al solicitar un empleo se llevan la sorpresa de estar reportados en las centrales de riesgo por mora en el pago de las cuotas, tan usureras que más parecen un préstamo gota a gota que un servicio social educativo.

Los profesionales con mayor visión, al terminar su ciclo académico, con la ilusión de montar su propia empresa, también se encuentran con el cuello de botella de estar reportados en las centrales de riesgo por el atraso en varias cuotas del Icetex.

Valdría la pena que el Gobierno buscara una salida definitiva a un asunto tan delicado, pues una de las causas que están desestimulando la educación superior en Colombia son precisamente los créditos educativos del Icetex, que, a decir verdad, dejó de ser una entidad filantrópica de estímulos educativos para convertirse en un banco de usura, donde los recién egresados sirven de carne de cañón para cometer todo tipo de atropellos y abusos.

El suscrito columnista viene ocupándose de estos casos del Icetex desde hace varios años, y hemos visto cómo créditos educativos de pequeña monta se disparan en gran proporción, lo que hace imposible la cancelación de las obligaciones. Por esa razón, los estudiantes se ven tan frustrados para salir adelante profesionalmente que se retiran de los claustros académicos, para dedicarse a otros menesteres.

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