Por: Hernando Gómez Buendía

De regreso a Narcolombia

Hace unos meses escribí una columna con este mismo título, y las noticias de ahora han venido a confirmarlo.

Me refiero en especial a la audiencia en el Senado de Estados Unidos y a la amenaza de Trump de descertificar a Colombia, como pasó bajo el gobierno Samper.

Según los congresistas, las hectáreas sembradas se habrían duplicado y las exportaciones se habrían triplicado en los últimos cuatro años, de modo que hoy proveeríamos “el 90% de la cocaína” que se consume en Estados Unidos. Como en los tiempos de Pablo Escobar.

Los senadores coincidieron en que la culpa es del proceso de paz. Santos habría suspendido las fumigaciones para complacer a las Farc, y éstas habrían incitado a sus bases para sembrar más en espera de los subsidios que iba a ofrecer el Gobierno para acabar los cultivos. Por eso incluso los demócratas pidieron insistir en la extradición de los exguerrilleros y no apoyar los programas de sustitución “mientras las Farc estén detrás de ellos”. Dos golpes duros al Acuerdo de Paz.

Pero los senadores no aludieron a las “bacrim” o a las disidencias de las Farc, que según toda evidencia son hoy por hoy los grandes del negocio de la droga. Este diagnóstico erróneo tiene claras y graves consecuencias para enfrentar el problema.

Y el responsable directo de esa lectura sesgada es el senador Uribe con sus intrigas en Estados Unidos. Lo cual confirma el hecho triste de que nuestros estadistas no piensan en la Patria y se valen de Washington para empujar sus agendas de partido.

Por el lado de Santos son varios los problemas. Sus discursos sobre “el nuevo paradigma de la lucha mundial contra la droga”, que no fueron más que babas. La incoherencia obvia entre erradicar 50.000 hectáreas y subsidiar a los dueños de otras 50.000 hectáreas. La oferta de $40 millones por familia que sustituya cultivos, algo así como cuatro veces el presupuesto nacional, en pleno apretón fiscal, con la “ayuda” de Trump disminuyendo y con el riesgo claro de que vuelvan a sembrar.

Y están —también— las concesiones a las Farc. Que éstas sean o no sean la causa principal del regreso a Narcolombia, es indudable que la guerrilla tomó (y el Gobierno aceptó que ella tomara) la vocería de los cocaleros, con las varias medidas “progresistas” que conforman el punto cuatro del Acuerdo de La Habana.

Por progresistas que parezcan, estas medidas simplemente implican una mayor tolerancia de conductas ilegales.

Y es además la costumbre de nuestros presidentes de arreglar su problema inmediato sin medir las consecuencias del arreglo: Santos firma la paz, pero agrava el narcotráfico, Uribe vence a las Farc, pero nos deja la parapolítica, Pastrana entrega El Caguán para hablar con la guerrilla, Samper vende el gobierno para subir y para no caerse, Gaviria vence al cartel de Medellín dejándonos en manos del cartel de Cali... en fin, la idea pequeña de que el futuro no es problema del gobierno mío.

Y es por eso que ningún presidente ha hecho nada serio para cambiar el fondo de una sociedad que produce tantos narcotraficantes.

*Director de la revista digital Razón Pública.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernando Gómez Buendía

El gobierno que no fue

Los toros y nosotros

La consulta anticorrupción

Las tres verdades de Uribe

El gabinete de Duque