Por: Humberto de la Calle

De Roux

LEÍ CON ASOMBRO UNA COLUMNA de Fernando Londoño en la que se descalifica al padre Francisco de Roux, provincial de los jesuitas, tildándolo de marxista trasnochado.

La diatriba la ocasionó una homilía del Padre, dirigida a la comunidad javeriana, en la que denuncia las serias desigualdades que afligen a Colombia y señala que los “cínicos”, así los llama, tienen responsabilidad en el mantenimiento de un statu quo injusto. Para él, los “cínicos” forman parte de la clase dirigente.

Londoño cree que cambiando algunas palabras, la homilía no dista mucho del “discurso que justificó las purgas estalinistas, los gulags y las masacres de Mao”.

Dejemos de lado la evidente exageración del ex ministro. El párrafo transcrito es verdaderamente delirante. Limitémonos a analizar el fondo de la cuestión.

El primer tema: la desigualdad. Dice De Roux que el 65% de los campesinos están en pobreza, que hay 14 millones de pobres en Colombia y 7 millones en la miseria. Más allá de las cifras, el hecho de la profunda desigualdad en Colombia es irrefutable. Lo denunció también Benedetti y se le vino el mundo encima. Es algo que no se va a arreglar simplemente guardando silencio. Como esos avisos en los hospitales que dicen: Silencio, enfermo grave. El enfermo está grave, agobiado por la injusticia, pero el silencio no le conviene.

De modo que, al contrario de lo que señala Londoño, hay que felicitar en forma vehemente a De Roux por haber llevado este mensaje a los pichones de la clase dirigente el día de San Ignacio. ¡Bravo!

Segunda cuestión: que hay sectores de la clase dirigente, los “cínicos”, que se oponen al cambio y demoran la solución de una crisis no resuelta, es una verdad incontrovertible. De Roux no dijo que toda la clase dirigente es culpable. Fue Londoño, en otro gesto de exageración, quien dijo que “la desgracia de un proletariado irredento” ha sido “esculpida a mano por una burguesía que se la llama ahora la reunión de los cínicos”. Pero tiene plena razón De Roux cuando advierte a los estudiantes sobre el grupo de los “cínicos” que desde su posición destinan su energía al egoísta beneficio personal, olvidando las hordas de desposeídos.

No encuentro pecado alguno en la homilía y, por el contrario, me parece un mensaje conveniente para los jóvenes.

Sólo reprocharía a De Roux cierto simplismo voluntarista. Es verdad que la ausencia de compromiso de los “cínicos” dificulta el camino del cambio social. Pero tampoco basta con decir que un cambio en la voluntad política acabará, así como así, con la guerrilla, los secuestros, las bandas criminales y la dominación de la droga. El asunto es más complejo y la visión de De Roux adolece de cierta ingenuidad. Tampoco comparto la visión causa-efecto, según la cual esos males provienen del hambre. Al contrario, en muchos casos, la gran criminalidad se dispara en zonas de colonización en las que surge súbitamente una nueva riqueza.

El mensaje de De Roux es más bien bíblico. Son muchos los pasajes del Nuevo Testamento que sostienen puntos de vista iguales. El marxismo, reciente o trasnochado, camina por otros senderos. Hombre Fernando, no jodás. Eso de comparar a De Roux con Pol Pot es como confundir a Francisco de Asís con Nerón.

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