De sainete

Noticias destacadas de Opinión

El lunes 7 de septiembre, el periódico El Tiempo anunciaba, en lugar destacado en primera página, que el Gobierno tenía —por fin— un plan de acción contra las masacres. Se le abona a ese diario el uso de este término, que tiene las connotaciones de horror que ahora el Gobierno aspira a dulcificar con el eufemismo “homicidios colectivos”. Como se han venido clamando desde distintas instancias medidas urgentes frente a este tipo de violencia, que viene creciendo de modo aterrador, decidí leer con atención —y esperanzada— en qué consisten las estrategias con las que la policía judicial, Dijín, aspira a enfrentar las masacres. Y me encontré con algo increíble, frente a lo cual no sé si reír o llorar.

Resulta que nuestro inefable ministro de Defensa anunció la creación de una unidad especial para este fin, al frente de la cual está el coronel Gelber Hernando Cortés, encargado de anunciar a la prensa siete variables que ese cuerpo élite tendrá en cuenta para llevar a cabo su tarea. Ya el hecho de que el mencionado coronel se sume a la denominación “homicidios colectivos” deja claro que está en la misma tónica de su jefe. Apenas natural. Pero cuando uno lee punto por punto en qué consiste lo novedoso de lo que van a hacer, se queda boquiabierto. ¿Por qué? Porque es lo mismo que se ha hecho siempre, pero dicho de manera rebuscada. Perdone, pues, el lector que tenga que transcribir lo que el coronel contesta cuando le preguntan qué es lo nuevo:

1) “Reporte del incidente a las entidades responsables”. (Valga la pena anotar que “incidente”, según el diccionario, se aplica a algo sin mucha importancia, o a una riña o pelea. Por supuesto no a una masacre).

2) La caracterización de los hechos connotados como homicidio colectivo. (En palabras simples, me imagino que debe ser descripción de los hechos).

3) “Y de mucho cuidado”, anota el general, “la preservación del lugar de los hechos”. ¡Qué novedad! No manipular nada en la escena del crimen.

4) “El desarrollo de los llamados actos urgentes”, que, según explica, no es otra cosa que decidir quiénes serán los miembros de policía científica y criminalística que estarán al frente del caso.

5) y 6) “se basan en las actuaciones, en la indagación e investigación, que tienen que llevar a la identificación y captura de los actores criminales”. Mejor dicho, el meollo de la cuestión, pero sin contenidos estratégicos visibles, ni nada que amerite creer que ahora sí, por fin, van a poder dar con los perpetradores y detener las masacres.

Y 7) “la microgerencia”. Punto. ¿Qué será eso? Averígüelo, Vargas.

Ante una situación gravísima, pues, la propuesta avalada por Carlos Holmes Trujillo parece de sainete. Como lo es también un gobierno en el que al presidente lo que se le ocurre decir a raíz de la muerte del abogado Javier Ordóñez a manos de la Policía es que “hemos visto hechos dolorosos el día de hoy, pero hemos visto también la actitud gallarda, férrea no solamente de los comandantes de la Policía sino también del ministro de la Defensa y de toda la institucionalidad”; mientras que el coronel Borja, encargado del caso, usando el lenguaje de moda, lo que propone es “suspender de la actividad operativa y pasar a administrativo a los policiales inmersos en los hechos”. Ufff.

Comparte en redes: