Por: José Fernando Isaza

De tasas y futuros

LA RECIENTE VOLATILIDAD DE LA tasa de cambio subió en un solo día el 5% de su valor. Para un exportador este nivel de devaluación era más importante que las preferencias arancelarias del TLC; al otro día se invertía la tendencia agravando la situación de los exportadores.

En tres días la devaluación llegó al 10% , corrigiendo en buena parte la apreciación del año 2008, la dicha duró poco. Si un especulador, o utilizando el nombre políticamente correcto, agente de mercado, hubiera anticipado con precisión el valor de la tasa de cambio estaría hoy en la liga de los más ricos.

No obstante los sofisticados modelos matemáticos, la predicción de los movimientos bursátiles aún en un horizonte tan limitado como un día es imposible. La película Pi, el Orden del Caos narra la vida de un genio matemático loco, que algunos identifican como la verdadera vida de Nash. La ficción muestra que el personaje crea el modelo para ganarle al mercado de valores, la persecución que sufre de oscuros personajes de Wall Street para robarle el software y el hardware de su trabajo es digno de la mejor película policiva. El modelo no funciona, y puede demostrarse que no es posible construirlo.

Una alternativa, para las personas que dicen hablar con los espíritus y los dioses, es que les pidan un don de profecía poco ambicioso que les permita conocer cómo se va a comportar el mercado en un día. Al término de unos pocos meses sería la persona más rica del mundo.

En el tránsito del milenio, la revista The Economist muestra el sorprendente resultado que puede obtener si se tiene la posibilidad de conocer el futuro en un horizonte de 8 horas. “Si una persona el 2 de enero de 1900, invierte un dólar en una acción que sabe con certeza que es la de mayor valorización ese día, y la vende al cierre, repite esta operación durante el año 1900, al terminar ese año tendría una fortuna que supera con creces la riqueza mundial del año 2000. Claro que mucho antes la economía habría colapsado. Este resultado refleja que en promedio siempre hubo en 1900 una acción en el mercado norteamericano que se valorizaba diariamente más del 15%, no importa que al otro día se depreciara”.

La siguiente historia es real: en la última crisis bancaria en México, un banco requería liquidez y emitió títulos al 3% semanal, con el objetivo de evitar entrar en cesación de pagos. Por supuesto sabía que esta costosa solución era transitoria. A las pocas semanas recogió los títulos y continuó su operación. Pero no se percató de una cláusula de renovación automática con la misma tasa de interés. Pasaron cerca de 15 años y una señora descubrió que la inversión, cerca de 1.000 dólares, tenía ya un valor que superaba el patrimonio del banco y lo llevaba a la bancarrota si insistía en el pago total. La prensa, en su momento, informó que el acuerdo logrado le permitía a la feliz poseedora del título recibir 1.500 millones de dólares.

Es bien conocido el sistema de financiar a los comerciantes de algunas centrales de abasto, el costo del préstamo de las 3 a.m. a las 4 p.m. que parece razonable: “Un centavito por cada pesito por cada diíta”, en realidad equivale al 3.777% anual, más de 100 veces la tasa oficial de usura.

Si al iniciarse la era cristiana alguien hubiera hecho un préstamo, pagadero a sus herederos por los herederos del deudor, de un gramo de oro al 4% anual redimible en el mismo metal, en el año 2000, aun si todo el planeta fuera una esfera de oro, no alcanzaría para pagar la deuda.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

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