De tibios y extremistas

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La discusión en Colombia sobre lo ideológico es excesivamente simplista. Ser de derecha ahora es ser uribista y ser de izquierda es ser petrista, y en esa dualidad se pierde toda la riqueza que supone debatir sobre diferentes visiones del cambio social y el rol del Estado y de la propia sociedad en dicho cambio, sobre qué implica ese cambio social, qué tan estructural debe ser cómo hacerlo, a qué velocidad, con qué intensidad y con qué instrumentos de política.

Si alguien propone un cambio muy estructural, inmediatamente es señalado de populista, demagogo y de traer un proyecto socialista camuflado, y cargar con ese estigma se ha convertido en una etiqueta que descalifica para el debate político, porque es alguien que nos quiere volver como Cuba o Venezuela, como si no fuera posible mirar por ejemplo a los modelos de bienestar de los países nórdicos. Proponer algunas políticas sociales elementales del Estado de Bienestar, como el aseguramiento universal en salud, hizo que Bernie Sanders fuera señalado de socialista en los Estados Unidos, así que el fenómeno es generalizado.

La persistencia del conflicto armado enturbió la discusión ideológica en Colombia, porque cualquier postura que fuera considerada de izquierda era vista con desconfianza como un enunciado subversivo que debía ser erradicado del debate público. La Constitución de 1991 avanzó tímidamente en la búsqueda de un orden social más justo e incluyente, pero la falta de voluntad política de los gobiernos ha hecho que se avance muy lentamente en la materialización de muchos de los derechos consagrados en el texto constitucional. Renovar ese anhelo de una sociedad más incluyente hoy es visto como una postura extremista que nos conduciría hacia una especie de dictadura socialista. Eso lo han entendido bien los sectores de derecha que se han agrupado en torno del uribismo, muy lejos de los debates que planteaba Álvaro Gómez Hurtado, quizás el último representante de una derecha doctrinaria en términos de riqueza discursiva y conceptual que contrasta con la pobreza argumentativa de un Alejandro Ordóñez o Luigi Echeverri.

Este panorama se ha visto reforzado por la falta de producción teórica y filosófica acerca de la configuración ideológica de lo político –en general, la universidad colombiana está por fuera de los debates esenciales de la sociedad- y la debilidad de la llamada esfera pública absorbida por el frenesí de las redes sociales que ha empobrecido aún más los términos del debate.

En ese contexto, se habla de una polarización política e ideológica, personalizada en las figuras de Uribe y Petro, y una gran franja en medio que se visualiza como el centro político, el escenario donde se definirá el debate electoral de 2022. El apoyo o no al acuerdo de paz parece ser la piedra de toque de esa polarización que, en estricto sentido, se puede leer mejor como una radicalización de sectores de la derecha que consideran que aquí no hubo conflicto armado, no pudo haber un acuerdo y no habría por qué implementar lo que fue derrotado en las urnas, incluyendo la justicia transicional y la participación política de quienes se desmovilizaron.

Alrededor de esa idea se configura la derecha en Colombia, dejando por fuera otros temas como el modelo económico, el rol del Estado, los sistemas de protección, la garantía de derechos, temas que son propios del debate ideológico en condiciones de normalidad. Alrededor de la defensa del Estado social y la consolidación de la paz se agrupa la izquierda, en los diferentes matices que la constituyen, hoy incapaces de confluir en un proyecto sobre unos mínimos, más allá de nombres y de disputas personales. Y el centro, que se dice no ser de derecha ni de izquierda, está fragmentado alrededor de figuras políticas con muy poca densidad política, incapaces de liderar un proyecto político coherente y ganador.

Si el debate en 2022 es entre los extremos y alrededor de nombres y no de programas, ya tenemos claro hacia donde se movería el centro y tendremos uribismo para rato, seguramente enmascarado en coaliciones coyunturales.

¿Será que la pandemia del Covid-19 plantea un escenario radicalmente distinto? No se ve a nadie trayendo al debate este desajuste.

@cuervoji

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