Por: Antieditorial

De “Timochenko” a Galán, Jaramillo y Pizarro

Por Betty Martínez

Los hechos de violencia política en Armenia evidenciados contra el partido de la FARC no pueden catalogarse como aislados, son el producto de colombianos que desde algunas campañas políticas, vía redes sociales y medios de comunicación expresan un odio descomunal contra el partido de la FARC, grupo este que suscribió un claro acuerdo de paz, cuya negociación duró más de cinco años, donde se acordó dejar las armas para entrar en la vida política del país. Ese acuerdo fue avalado por Naciones Unidas y por los países garantes.

Hacernos creer a los colombianos que la violencia política es un mecanismo legítimo para demostrar el desacuerdo es toda una equivocación y nos pone a la misma altura moral de los victimarios.

Los hechos violentos de Armenia y otros departamentos están demostrando claramente que el partido político FARC no tiene garantías políticas en Colombia, donde ninguna autoridad local, regional y nacional se pronunció de manera inmediata y contundente para rechazar la violencia ejercida contra ese grupo político, pese a que fue tema de conversación del fin de semana y circuló en todos los medios del país.

El mensaje final que se logró sembrar en la mente de los colombianos es que la violencia contra la FARC es legítima y niega tajantemente la defensa del Estado social de derecho, que es como se define constitucionalmente esta nación que dice respetar la democracia.

Estuvimos a muy poco de convertir una correría política en otra gran tragedia nacional. ¿Qué hubiera pasado en el país si Timochenko hubiera sido asesinado en una céntrica calle de Armenia en plena campaña política presidencial?

¿Qué hubiera dicho la derecha recalcitrante que desde sus trincheras moviliza y alimenta a las masas con odio y resentimiento? ¿Qué hubiera pasado con el partido político de la FARC?

Simplemente nos hubiéramos devuelto casi 30 años en la historia colombiana, a los días en que se asesinaron tres candidatos presidenciales, Galán Sarmiento, Jaramillo Ossa y Pizarro Leongómez, para citar unos pocos. No hay que olvidar que en materia de violencia política, Colombia es récord en el asesinato de candidatos presidenciales.

 

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