Por: Columna del lector

De víctimas a combatientes

Por María Isabel Cardona López

¿Para emprender el camino de la paz en Colombia es necesario acabar con ocho almas inocentes en el trayecto? Me atemoriza ver una Colombia advertida por el terrorismo. En el sentido en que una víctima pasa a ser victimario o, en el peor de los casos, “terrorista”, siento temor de mi patria, porque nos abandona a nuestra suerte y nos deja morir indefensos sin importar nuestro destino. Me aterra la patria que acaba con las ilusiones que lleva un niño consigo, patria que sabe lo que hace y no mide las consecuencias, o quizá ni le interesan.

La operación de las Fuerzas Militares contra un grupo de disidentes de las Farc en zona rural de San Vicente del Caguán, bajo el respaldo de la Fiscalía General de la Nación, según Guillermo Botero, exministro de Defensa, fue “exitosa” por dar de baja a alias el Cucho, uno de los disidentes (CanalRCN.com, 2019). Fue “exitosa”, a pesar de que costó la vida de ocho menores de edad. ¿Para la Fiscalía no tuvo importancia que en el campamento de disidentes se encontraran jóvenes menores de edad?

Herner Carreño, personero del municipio de Puerto Rico, denunció en el mes de julio ante la Fiscalía General de la Nación el reclutamiento de menores de edad en veredas cercanas al corregimiento de Lusitania (El Espectador, 2019). Si estos datos se conocían, ¿por qué no hubo acción en pro de la seguridad de estos niños?

Es triste saber que menores de edad murieron en medio de un combate entre fuerzas armadas, reclutados por la guerrilla contra su voluntad, una violación gravísima a sus derechos. ¿Cómo les explicamos a las madres de esos niños que la Fiscalía sabía que allí se encontraban ellos y no le importó dar pie a esta operación para acabar con el “narcoterrorismo”?

Los niños no eran ningunos guerrilleros, eran estudiantes, civiles comunes, hijos, amigos, jóvenes con el sueño de ser quienes en un futuro sirvieran al país (redacción de El País, 2019). Por ejemplo, Diana Medina, de 16 años, cuyo sueño de ser policía murió junto con ella en el operativo militar en Caquetá. No merecían que el Estado no hiciera el más mínimo esfuerzo por retornarlos a casa. ¡Esto es un crimen de guerra! ¿Se justifica la muerte de menores de edad para acabar con el crimen organizado?

Si la juventud dejó de primar, ¿qué tan lejos estamos de volver al pasado con actos como este? ¿Ahora estos menores de edad también son falsos positivos? ¿Podemos los colombianos estar realmente seguros de que el Ministerio de Defensa vela por la seguridad del país respetando el derecho internacional humanitario?

Puede que el Centro Democrático tenga razón, que Iván Duque encontró un gobierno lleno de criminalidad y que, al día de hoy, haya una reducción notable de los fenómenos de ilegalidad que caracterizaban el país (Eltiempo.com, 2019). Pero ¿a costa de qué? ¿Podemos estar seguros de que la acción contra la violencia no se pagará con más violencia? ¿Qué otros casos, aparte de los niños en Caquetá, desconocemos?

No solo los delincuentes están advertidos, los colombianos también lo estamos: tememos por nuestra seguridad y la de nuestros niños. Se vienen tiempos difíciles, y en el gobierno de Iván Duque esto apenas comienza.

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2019-11-11T00:00:57-05:00

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2019-11-11T01:00:01-05:00

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