Comunidad y desarrollo

De visita por los zoológicos de elefantes blancos

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Continúo insistiendo en que las veedurías ciudadanas serían el medio más efectivo para que los ciudadanos hagan control fiscal en sus respectivas jurisdicciones: ciudades, municipios y veredas.

No podemos continuar admitiendo que los organismos de control regionales y municipales se hagan los de la vista gorda cuando debajo del puente de sus instituciones fiscalizadas corren aguas putrefactas, que están perjudicando enormemente el progreso de las ciudades, pueblos y veredas.

Puestos de salud, carreteras veredales, escuelas, acueductos y alcantarillados, reparación de viviendas, entre muchas otras obras, forman parte del zoológico de elefantes blancos dispersos por todo el país.

Quiero iniciar a través de esta columna una campaña para que quienes deseen denunciar la existencia de elefantes blancos en su ciudad, barrio, municipio o vereda puedan hacerlo, sin ningún temor, con la absoluta seguridad que su identidad será protegida.

Es verdaderamente indignante visitar el zoológico de elefantes blancos que existen a lo largo y ancho del territorio nacional, sin que a la vista aparezcan sus verdaderos responsables. En las áreas urbanas y rurales hay obras abandonadas e inconclusas, lo más grave, sin dolientes ni responsables a la vista. Parecería que se programaron, presupuestaron y se iniciaron, en contubernio con ciertos gobernadores y alcaldes corruptos e inescrupulosos, simple y llanamente para robarse los recursos de la obra.

Lamentablemente, a la fecha los organismos de control del nivel nacional —Contraloría, Procuraduría y Fiscalía— no se han apersonado como debería ser de semejante debacle nacional que corrompe la conciencia ciudadana y contribuye al atraso de sus regiones.

Mucho se ha dicho, por ejemplo, de las vías de penetración veredales para favorecer a nuestros campesinos en el transporte de sus productos a los centros de abastecimiento, pero, lamentablemente, si se hace un balance sobre este ejemplo, tiemblan las estructuras de los más corruptos.

Hemos visto que nuestros campesinos, al no tener cómo comercializar sus productos por falta de transporte, finalmente los dejan para alimentar animales o los regalan. Esto ocurre con mucha frecuencia con las frutas y verduras.

Por este motivo siempre he creído que el Estado debe responder por lo que los campesinos produzcan. Muchos tienen que desistir del cultivo para dedicarse a otros menesteres, debido a la corrupción rampante en la construcción de vías de penetración y centros de acopio para agroindustrializar sus productos.

Los centros de salud son otro rubro de elefantes blancos. Se conoce que varios de ellos iniciaron su construcción y finalmente la obra quedó paralizada, porque los contratistas emprendieron las de Villadiego a los pocos días, cuando recibieron el 50%, sin que a la fecha se tenga conocimiento de su paradero.

Las escuelas rurales son otra especie de elefantes blancos, pero lo más grave es que hay casos también en las áreas urbanas; escuelas que, si lograron abrirse, no resistieron mucho los embates del tiempo por deficiencias en la construcción.

Lamentablemente, a los establecimientos educativos se les suma otra terrible pandemia y es la de los corruptos expertos en negociar los Programas de Alimentación Escolar. Existen empresas dedicadas únicamente a negociar la alimentación de los niños, son varios los individuos que han sido señalados, pero el negocio es tan rentable que se las arreglan para continuar licitando a través de terceros.

En síntesis, señores de los organismos de control, por favor más actitud positiva frente a estos casos, que los pícaros de los elefantes blancos andan sueltos y haciendo de las suyas.

urielos@telmex.net.co

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