Por: Juan David Zuloaga D.
Atalaya

¿Debe el Esmad volver a la universidad?

Yo sí creo que el Esmad debe volver a la universidad.

Cuando en el siglo XIII comenzaron a aparecer las universidades en Occidente (la Universidad de Salamanca, de la Sorbona… y antes la de Boloña), se pensaron como un recinto para la reflexión y para el saber. Aparecieron como una especie de cenobios laicos en los que se libraban discusiones sobre lo divino y sobre lo humano y se desarrollaban disputaciones teológicas y profanas.

Que fueran recintos para el pensamiento, al margen de los avatares políticos y sociales de su tiempo, muchas veces crudos y descarnados, es lo que otorgó a las instituciones de enseñanza superior su especificidad. Gracias a esta característica se les concede desde temprano, al interior de unos Estados en gestación que comienzan a reclamarse soberanos, una inmunidad particular para que los profesores (esto es, los pensadores) pudieran desarrollar su trabajo con libertad: ni la policía ni los bárbaros podían entrar en ella.

Y así ha sido desde entonces. Esta inviolabilidad del recinto sagrado del saber se ha respetado en Occidente casi siempre, exceptuando los períodos de dictadura en países europeos y americanos en los que se ha pisoteado esta norma de la civilidad (y de la civilización) sin consideración.

Por eso fue tan grave que la semana pasada un grupo del Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios) entrara, precedido por unos nada decorosos ni nada respetuosos gases lacrimógenos, a la Universidad Javeriana y al Hospital San Ignacio.

Dentro del marco de esta inmunidad universitaria y su desarrollo histórico debe leerse la afirmación del alcalde, inquietante cuando menos: “Tenemos que entrar a donde sea; universidad o no, no hay ningún sitio vedado para la ley y el Estado”.

Claro que celebramos que los cuerpos de policía velen por la seguridad y por el orden en la ciudad; para eso están, ni más faltaba. Pero sí resulta un tanto paradójico que las marchas (y la del pasado viernes es el mejor ejemplo de ello) se muestren ordenadas y pacíficas hasta cuando aparecen en escena esos mismos cuerpos de policía que, justamente, deben velar por la seguridad de los ciudadanos y por el orden de la ciudad.

Y resulta también inquietante y asusta un poco (y no sé por qué digo un poco) pensar que no hay o no habrá o no debe haber espacios vedados para la violencia –a veces velada, a veces manifiesta– de los cuerpos del orden. Sería deseable que al menos se respetara la inmunidad universitaria, pues es allí donde se gestan los pilares de la humanidad y en donde las disputas son filosóficas y no físicas.

Por eso creo que el Esmad sí debe volver a la universidad, pero a estudiar.

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@Los_atalayas

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