Débil recuperación

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La información del DANE de julio confirma que la economía carece de las condiciones para enfrentar las deficiencias estructurales que vienen de atrás, como fue el programa inicial de la actual administración y la caída de los precios del petróleo, y luego el confinamiento de la cuarentena. Las monumentales caídas de abril y mayo no se contrarrestaron en junio y julio. Inevitablemente en el año la producción caerá un 10 % y el desempleo se elevará a 20 %, y no hay nada que garantice que el estancamiento no continúe el próximo año, y quién sabe por cuánto tiempo más.

Está visto que las disposiciones de mercado y las políticas convencionales no están en capacidad de alterar la demanda efectiva (reducir el desbalance interno entre producto nacional y el gasto). Las predicciones oficiales de que la economía caería un 5 % en el presente año y crecerá un 5 % en el próximo no tienen ninguna verificación en la información reciente.

Los bancos centrales fueron concebidos como una forma de mantener el balance entre el producto nacional y el gasto. En el pasado, el propósito se alcanzaba por los más diversos medios. El incumplimiento del propósito ha sido la principal causa de las recesiones y el debilitamiento del empleo. En efecto, los dos mayores errores de la historia reciente se dan por la incapacidad del Banco de la República para cumplir su principal obligación. En 1999, la igualdad se quebró con la elevación de la tasa de interés de referencia al 70 %, que precipitó la caída espectacular de la inversión pública y privada, y término en la quiebra del Upac.

Ahora se repite la historia. Alentados por los departamentos de estudio que estimaban que la cuarentena no tenía mayor efecto sobre el crecimiento económico, las directivas del banco no hicieron mayor esfuerzo para morigerar la decisión o acompañarla de medidas compensatorias. Hoy en día la información del DANE revela que la producción caerá un 10 % y el desempleo llegará al 20 %.

Se aclara que el confinamiento de la cuarentena ocasionó una reducción del ahorro que no fue contrarrestada por el mercado. El rebote proyectado por el Gobierno no se presentó. La caída inicial en marzo y abril no se compensó, sino se extendió a junio y julio. La predicción oficial de que la producción caería un 5 % fue controvertida por la información estadística. La caída del producto alcanzará los dos dígitos y tenderá a extenderse al próximo año.

La cuarentena se concibió como un episodio que reduce el ahorro y se compensa por el mercado. La caída inicial de la producción es seguida por un rebote que la coloca en la posición inicial. Se regresó a las épocas prekeynesianas de hace 100 años, cuando se creía que las crisis económicas causadas por el desplome de la producción y el empleo se corrigen con la profundización del mercado. La realidad es muy distinta. La caída del ahorro provoca una contracción de la inversión, que refuerza y precipita la caída libre de la producción. Por lo demás, aparece un déficit en cuenta corriente que dispara el desempleo.

El surgimiento de un estado de desbalance interno no puede enfrentarse dentro del fundamentalismo de mercado. El gasto público se orienta a elevar el consumo para contrarrestar el efecto sobre la distribución del ingreso y, en particular, sobre los grupos más vulnerables. A su turno, la inversión privada no tiene acceso directo al crédito del Banco de la República. La sin salida solo puede superarse con cambios drásticos en el modelo imperante de mercado. El expediente más expedito es la intervención en la estructura de comercio internacional para conformar balanzas de pagos con superávits en cuenta corriente. La otra forma es una estructura coordinada entre la política fiscal y monetaria para impulsar la inversión con emisión monetaria.

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