Por: Alejandro Gaviria

Decenas y decenas de leyes

Hace ya un mes, en una conferencia gremial, el ministro del Interior y Justicia, Germán Vargas Lleras, celebró, en tono ufano, el éxito legislativo del primer año de gobierno.

“Aprobamos decenas y decenas de leyes… La Unidad Nacional funcionó divinamente”, dijo orgulloso. Esta semana el expresidente del Senado, Armando Benedetti, señaló, con inocultable satisfacción, que más de 280 proyectos habían sido aprobados durante su mandato. El presidente Santos fue aún más lejos. “Lo que el Congreso ha logrado en estos 10 meses no tiene precedentes en la historia reciente del país”, declaró hace unos días.

El miércoles, durante la instalación de una nueva legislatura, el presidente celebró de nuevo la exuberancia legislativa de su primer año de gobierno. “La primera legislatura fue histórica. ¡Que no se quede atrás la segunda! ¡Vamos a cumplirle a Colombia! ¡Vamos a seguir demostrando para qué sirve la Unidad Nacional!”, dijo. En la misma ceremonia, el presidente enumeró los nuevos retos legislativos de su gobierno. La lista es larga. Larguísima, diría yo: el Código General del Proceso, el Código Penitenciario, la Ley de Jueces de Paz, el Estatuto de Arbitraje, el Código Nacional de Tránsito, el Código Electoral, el Estatuto de la Oposición, la Ley de la Mujer, la de Jóvenes, la de Discapacidad, la de Derechos de Autor, la de Bomberos, la de Voluntariado, la de Defensoría Integral para miembros de las FF.PP., la autorización para la venta de un porcentaje de Ecopetrol, el Código de Minas y las reformas al Régimen Municipal y Departamental.

Probablemente la Unidad Nacional volverá a funcionar divinamente. Decenas y decenas de proyectos serán aprobados con una eficiencia casi industrial. Tendremos otra legislatura histórica y Gobierno y Congreso celebrarán una vez más su éxito conjunto, medido, como siempre, por la cantidad de nuevos artículos y parágrafos. Pero la conveniencia de la exuberancia legislativa no es obvia. ¿Tiene sentido medir el éxito del Congreso por la cantidad de leyes aprobadas? ¿Es posible discutir seriamente centenares de proyectos en unos pocos meses? ¿Es la calidad de las nuevas leyes tan notable como su cantidad? Yo sinceramente no lo creo.

El Congreso no es una línea de ensamblaje. Su desempeño debe medirse no tanto por la cantidad de leyes aprobadas, como por la calidad de los debates realizados. Las decenas y decenas de nuevas leyes no son una prueba del éxito del Congreso colombiano, sino una muestra de su debilidad, de la subordinación de los parlamentarios a los designios del gobierno. En los últimos meses el Congreso ha perdido incluso su protagonismo histórico en los debates de control político. El debate más importante sobre el sistema de salud tuvo lugar este semestre no en el Capitolio, sino en el Palacio de Justicia, en la sede de la Corte Constitucional. Los funcionarios ya no rinden cuentas ante los congresistas, sino ante la Fiscalía y los organismos de control. En últimas, la judicialización de la política es otro síntoma del debilitamiento del Congreso.

Si las cosas siguen como van, el Congreso podría convertirse en un simple notario del Gobierno. Sería una pérdida. No sólo para los parlamentarios, sino también para la democracia colombiana.

agaviria.blogspot.com

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alejandro Gaviria

Última columna

La guerra y la paz

Estado paternalista

Plata olímpica

Petrogrado