Por: Cartas de los lectores

Decisión sabia y necesaria

Pocas noticias sobre educación suenan tan positivas como la anunciada por el presidente de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame), doctor Gustavo Adolfo Quintero, de realizar una profunda reforma a la educación médica (El Espectador, 5-10-17). El mismo afirma que desde 1965 no se había formulado un plan de estudios que respondiera a las necesidades reales de la sociedad colombiana. Es una reacción responsable y ética frente a ese alud de escándalos derivados de las desastrosas intervenciones quirúrgicas por parte de tantos falsos especialistas en cirugía estética, sobre el cual el país conoce muchas situaciones dolorosas en todo el territorio nacional.

De la misma forma y con el mismo entusiasmo, criterios bien definidos, propósitos claros y sobre todo, voluntad de transformar la educación médica, debería haber una reacción de parte de las facultades de todas las áreas del conocimiento. Las de derecho, por ejemplo, están en mora de un sincero autoexamen; el denominado cartel de la toga es la revelación de que los abogados en Colombia no están siendo formados para ejercer la justicia, sino para generar fortunas exprés a través de una perversa cadena de sobornos que comienza con los mensajeros y termina con los presidentes de las más altas cortes.

Ni hablar del campo de la ingeniería civil. Si el cartel capitalino de los contratos, con similares en casi todos los departamentos, no logró sacudir a muchos, que el de Odebrecht los lleve a una profunda reflexión sobre el ejercicio profesional del ingeniero y de su responsabilidad en la calidad de vida de los ciudadanos. No podemos continuar con puentes que se derrumban al primer año de funcionamiento, o con obras que se comienzan con bombos y platillos y terminan convertidas en un arrume de cascote; peor aún, esas construcciones en serie sin las bases técnicas que garanticen la seguridad de los residentes. Cartagena, Medellín y muchas más son el reflejo de esa pésima formación.

Pero las demás carreras profesionales no se quedan atrás en su ejercicio profesional con todos los ingredientes de la corrupción, pues quiérase o no, forman parte de un entramado: administradores, contadores públicos, auditores, interventores. En síntesis, la decisión de Ascofame abre un horizonte de esperanza para que las universidades reaccionen y comiencen a romper el círculo vicioso. El país tiene urgencia por tener a la nueva generación de profesionales que llegue a trabajar sin ansias de saquear las arcas municipales, departamentales y nacionales sin vergüenza, para reponerse de sus deudas adquiridas para lograr su educación. Deben buscarse nuevas alternativas, incentivos y estrategias.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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