Por: Felipe Zuleta Lleras

Decisiones difíciles

Queda uno con la sensación de que las decisiones de la Corte Internacional de Justicia en La Haya tomaron por sorpresa al Gobierno Nacional. Por supuesto, como ciudadano del común, y sin conocer los textos de las decisiones judiciales de la CIJ, le queda a uno un sabor agridulce.

Las reacciones del agente colombiano no se hicieron esperar. El doctor Carlos Gustavo Arrieta sostuvo: “Es una decisión absolutamente incomprensible y sin ninguna fundamentación desde el punto de vista legal. Me parece equivocada, contraevidente, porque la Corte desconoce su propio fallo y su propia jurisprudencia. Este fallo vulnera el derecho al debido proceso de Colombia”.

Algo pasó en La Haya, pues los intereses de Colombia fueron totalmente vulnerados. O los abogados colombianos la embarraron o la Corte estaba defendiendo los intereses de Nicaragua. ¡O ambos!

Inmediatamente, el presidente nos notificó a todos los ciudadanos que Colombia no volvería a comparecer ante la Corte frente a las dos demandas que tiene Nicaragua contra el país. Esta decisión estuvo apoyada por los expresidentes, los partidos políticos, los empresarios. En fin.

Esta posición parece ser la correcta a corto plazo, pero queda claro que tendrá repercusiones a largo plazo. Se pone Colombia en una precaria situación frente a la comunidad internacional. Desconocer estos fallos implica que en el futuro, en cualquier otro litigio, por ejemplo, ante la Organización Mundial del Comercio, el país sea mirado con prevenciones.

Qué difícil decisión la que tuvo que tomar el presidente Santos, pues, en sana lógica y como colombiano, uno no puede menos que apoyar al Gobierno, ya que está de por medio la soberanía nacional.

El expresidente Uribe sostuvo esta semana “que es mejor tener un siglo de tensiones diplomáticas que perder un milímetro de tierra”. Y tiene toda la razón. Y más sorprendente resulta que haya confesado en entrevista en Blu Radio que en su momento no se atrevió a desconocer las decisiones de la Corte sobre la disputa de Nicaragua que pretendía ampliar su frontera marítima en el 2007, saliéndose del Pacto de Bogotá, como tampoco se atrevió en su momento el expresidente Pastrana. De haberlo hecho, Colombia no estaría en estas.

Asumo que tanto el presidente Santos como los expresidentes tienen calculadas las consecuencias de esta decisión. Me da la sensación de que Colombia, desde hace muchos años, ha venido cometiendo una serie sucesiva de errores, aduciendo una tradición jurídica que no convenció a los magistrados de La Haya. Por lo pronto, Colombia tendrá que lidiar en los escenarios internacionales con esta decisión.

Definitivamente, este mes de marzo ha sido negro para el presidente Santos. Ha tenido que lidiar con el fantasma de un apagón, por culpa de El Niño y de la ineficiencia de algunos de sus funcionarios, tiene a los sindicatos, camioneros, profesores y campesinos protestando, no firmará la paz este 23 de marzo, y finalmente esta sentencia perversa y atroz.

 

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