Por: Ernesto Yamhure

Decisiones erráticas e impolíticas

NO ME SORPRENDIÓ LA DECISIÓN adoptada por el Directorio Conservador de cancelar la consulta prevista para el 27 del mes entrante. De hecho, se había demorado la consumación de la trampa para abrirle camino a la aspiración de la doctora Noemí Sanín.

Hace 10 meses el conservatismo decidió que presentaría a un candidato propio a las elecciones presidenciales de 2010, cuya selección debía tramitarse a través de una consulta popular. José Galat, Carlos Holguín, Fernando Araújo y Andrés Felipe Arias se acogieron a las reglas pactadas y durante todo este año han recorrido el país presentando sus respectivas propuestas.

Noemí, en cambio, decidió quedarse en Londres hasta el mes pasado, mientras resolvía si se lanzaba o no. Sin ponerles mucha atención a los desplantes que le hizo al conservatismo en 1998 y 2002, anunció que tramitaría su candidatura bajo la bandera azul. Sus aliados en el interior de la colectividad, conscientes del poco tiempo que tenía, montaron una estrategia efectiva para torpedear la realización de la consulta.

Si bien es cierto que el referendo parece haber superado la etapa del Congreso, no menos lo es que el conservatismo, como parte fundamental de la coalición de Gobierno, debe permanecer unido frente a una eventual candidatura del presidente Uribe. Por eso, la cancelación de la consulta va a desembocar en un fraccionamiento peligrosísimo dentro de ese partido.

Así quieran pintar la anulación de la elección de candidato como una consecuencia inmediata del rumbo favorable que ha tomado el trámite del referendo reeleccionista, en el fondo estamos frente a un espaldarazo con visos tramposos a la candidatura de la ex embajadora.

Los representantes a la Cámara, que a la larga son quienes llevan la vocería del conservatismo en las regiones, están convencidos de la necesidad de adelantar el procedimiento democrático de selección. Creen que este mecanismo no sólo es idóneo para designar al aspirante, sino para mantener la unidad del partido.

Sin llamarnos a engaños, para que el referendo sea aprobado, se requiere que la totalidad de los votos godos trabajen unidos por esa causa. Se trata de tres millones de sufragios, es decir, un poco menos del 50% de los necesarios.

Arias ha dicho en todos los escenarios que él apoya decididamente la iniciativa que busca abrirle el camino a un tercer período del presidente Uribe. De todos los precandidatos, es el único que está jugado por la defensa del derecho de los ciudadanos a pronunciarse en las urnas sobre el tema de la reelección.

Noemí Sanín, por su parte, ha enviado mensajes contradictorios. Ha dicho que respalda el referendo, pero que independientemente de lo que pase con él, ella será candidata. Llevado a la práctica, se entendería como la salida de una parte del conservatismo de la coalición de Gobierno. Veríamos a un grupo de senadores empujando la candidatura de Sanín y a los representantes, concejales y diputados haciendo campaña por la reelección presidencial.

Esa ruptura se reflejará en las elecciones parlamentarias de marzo, donde seguramente se perderán curules en ambas cámaras.

Antes de tomar decisiones erráticas e impolíticas, el Partido Conservador debería reflexionar sobre su futuro. Estos siete años de alianza con el presidente Uribe han permitido que la colectividad supere el ostracismo al que estaba condenada. Entonces, ¿hasta qué punto es sensato reventar la frágil unidad, solamente para satisfacer las ansias de poder de una mujer que durante más de 10 años negó su naturaleza conservadora?

 

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