Declaración de los derechos indígenas

Hoy, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, celebramos y rendimos tributo a la enorme contribución que sus tradiciones y conocimientos han hecho al patrimonio cultural de la humanidad y al desarrollo sustentable de nuestro planeta.

Aprovechando que estamos a la mitad de la segunda Década Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo (2005-2015), reflexionamos sobre lo que se ha hecho para alcanzar un trato equitativo y cuánto falta aún por hacer.

En lo que respecta a los logros, la adopción de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007, que fue apoyada por la Unión Europea, sobresale del resto. La Declaración no hubiese sido alcanzada sin la inagotable dedicación de los representantes de los pueblos indígenas y de su mensaje sencillo, pero poderoso: ¡igualdad para todos!

Los principios son justos; el reto sigue siendo ponerlos en práctica. Desafortunadamente, la discriminación y el trato desigual hacia los pueblos indígenas continúan.

El Día Internacional proporciona una oportunidad para que la Unión Europea renueve su compromiso de promover y proteger los derechos de los pueblos indígenas, como están estipulados en la Declaración de las Naciones Unidas, y prometo luchar contra la discriminación, no sólo en principio, sino más importante, en la práctica.

 Sra. Catherine Ashton. Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Bogotá.

¡Qué país tan parroquial!

La ceremonia de posesión del nuevo presidente desnuda una gran verdad. Una ceremonia programada para las 15 horas comienza 30 minutos después con dos discursos plagados de lugares comunes que tienen de telonero al ciudadano ex presidente demostrando, patológicamente, de qué manera padece de un aferramiento narciso al poder. Como si ello no bastara, el Presidente del Congreso hace llamado a una lista interminable de personajes que, después, es repetida por el Presidente de la República, añadiéndole los nombres de esposas e hijos de todo tipo de personajes intrascendentes. ¡Qué discursos preñados de lugares comunes! ¡Qué discursos donde la perspectiva de Colombia brilla por su ausencia! ¡Qué discursos para repetir lo escuchado durante años hasta el punto que una frase de Eduardo Santos emitida el siglo pasado aparezca como bandera de un nuevo gobernante del siglo XXI! ¡Qué discursos tan aburridores! ¡Qué clase política tan parroquial! ¡Qué colombianos tan aburridores y parroquiales somos eligiéndola!

 Bernardo Congote. Bogotá.

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