Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Decreto envenenado

Si alguna duda hubiere sobre quién ejerce el poder real en Colombia, quedó despejada con la expedición en Nochebuena del decreto de flexibilización de la restricción al porte de armas.

El itinerario fue clarísimo. Un representante a la Cámara del Centro Democrático (CD), momio y consentido del momierío caleño, lidera una cruzada entre sus colegas congresistas para enviarle una carta a Duque exigiéndole que flexibilize la restricción al porte de armas, para que unos ciudadanos que supuestamente necesitan protección puedan asumir su propia defensa. El señorito caleño, heraldo de la ultraderecha, no presentó un solo estudio o una estadística que acreditara cuáles y en qué proporción esos ciudadanos están corriendo riesgos, como para que el Estado les permita armarse. Además ignoró que las encuestas muestran que la violencia ha decrecido, entre otras cosas, porque menos gente anda armada. Así comenzaron las autodefensas paramilitares en todo el país, y por eso en el Valle del Cauca —de donde es oriundo el ultragodo representante promotor del esperpento de la flexibilización— unos encopetados empresarios, que según alias H.H. contaron entre sus asesores a Mario Fernando Prado (ver video en https://bit.ly/2Q8BpXO), financiaron el Bloque Calima para que los defendiera a sangre y fuego. El resultado de ese experimento criminal fue también desastroso en el Valle.

Enviada la carta de los representantes a Duque, Álvaro Uribe divulgó anticipadamente en su cuenta de Twitter el texto del decreto que expediría el Gobierno, en el que fue incluido un parágrafo perverso, peligroso y groseramente ilegal, en virtud del cual se faculta al Ministerio de Defensa para que a través suyo las guarniciones militares en todo el país decidan a quiénes les extenderán autorización para que porten armas. También el patanzuelo presidente del Senado, Ernesto Macías, trinó en el mismo sentido de su jefe, que por supuesto no es Iván Duque.

Mientras el país transita por el sendero de desarmar a los colombianos para que por fin vivamos tranquilos, y hasta la maestra Doris Salcedo ha terminado su extraordinario monumento Fragmentos construido con las armas fundidas de las Farc, los mismos que estuvieron en contra de las conversaciones de paz y que conspiran contra su implementación alegan que es necesario que todos puedan volverse a armar, para que sean ellos quienes asuman la responsabilidad de defender su vida, honra y bienes, más que el Estado.

Duque no fue capaz de contrariar ni a la bancada en la Cámara de Representantes del CD, ni a la del Partido Conservador, mucho menos al “presidente eterno” ni a Macías, y acogió el decreto que previamente había difundido Uribe en su cuenta de Twitter, en el que quedó plasmada la autorización para que el tema del porte de armas se maneje no con base en criterios definidos en la ley, sino en las preferencias del ministro de Defensa, el mismo que aboga por la criminalización de la protesta social. Es una señal subliminal para que la guerra regrese pronto.

Me resisto a creer que detrás de este decreto no haya algún comerciante de armas que esté celebrando el incremento en las ventas. Ya lo veremos.

Duque se ha venido desprestigiando a niveles que amenazan su estabilidad en el cargo, sin que la caída de Guacho, la aprobación de la nefasta reforma tributaria o el tardío acuerdo con los estudiantes lo hayan sacado del deplorable lugar de desaprobación en que se encuentra. En cambio, sí ha quedado evidenciado que Uribe se ha venido apropiando del Gobierno. Es a él a quien acuden los congresistas para pedirle la mermelada, o es él quien acosa a algunos funcionarios ansiosos de atornillarse a sus puestos.

Con este tramposo decreto expedido mientras llegaba el Niño Dios, Duque desperdició la oportunidad de dar un timonazo a su caótico gobierno, pues tuvo otra nochemala, como todas las que ha tenido desde el 7 de agosto de 2018 y las que tendrá si es que antes de que acabe su mandato no se le viene abajo la estantería. Ojalá Duque entienda que sus compatriotas, como en la canción Noches de boda de Sabina —que haría bien en incorporar a su repertorio—, soñamos con vivir en un país desarmado “en el que ser valiente no salga tan caro, y en el que ser cobarde no valga la pena”.

Adenda. Feliz 2019.

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