Por: Jorge Iván Cuervo R.

Defender las instituciones

Una semana más de tensión y de incertidumbre. Cada día sucede algo que desborda la gravedad del día anterior, y la sensación de caer en el abismo se generaliza.

El vértigo de los acontecimientos supera toda posibilidad de análisis. La salvación, si es que es necesario hablar en términos apocalípticos para una situación tan difícil como ésta, es el respaldo a las instituciones. Sé que es un formalismo, sé que es una fórmula vacía para el ciudadano convencido de la doctrina uribista, pero no queda otra posibilidad si es que queremos salir de esta crisis.

En esa medida, es tiempo de apoyar la actuación de la Corte Suprema de Justicia que decidió, de manera valiente, enfrentar los poderes fácticos ilegales y mafiosos que se han tomado el ejercicio de la política en Colombia. Su tarea no es fácil, porque este es un país en el cual, quienes ejercen el poder político y económico, no están acostumbrados a responder por sus actos, se creen patriotas por encima de la mínima rendición de cuentas que exige toda democracia.

En ese orden de ideas, es tiempo de decirle al Presidente de la República que se la tiene que jugar por las instituciones, y no por los intereses que representa. Que es el Presidente de toda la nación. Que no está bien que se reúna a puerta cerrada con sus aliados políticos, con su abogado penalista, y otros oportunistas de ocasión, a redefinir la arquitectura constitucional del país, para buscar una salida.. Que la comisión de ajuste institucional propuesta se nos parece mucho a un fujimorazo disfrazado. Que permitir siquiera el debate de crear un tribunal ad- hoc para juzgar a los congresistas y al propio Presidente, no tiene presentación. Que no es bueno el mensaje de que si las instituciones funcionan hay crisis institucional Que no puede dejarse tentar por los escarceos autoritarios.

Es tiempo de hacerle saber a los congresistas que el Congreso como institución es más importante que su carrera política. Que muy pocos se creen el cuento de que quienes se aliaron con el paramilitarismo, se sacrificaron para salvar al país, que para salir del problema de las Farc, no había que venderle el alma al diablo. Que no necesitamos una reforma cosmética para cambiar las costumbres políticas, precisamos de cambios de fondo, y el balón está en sus manos.

Es tiempo también de decirle al sector económico que no puede seguir en el esquema de las utilidades de corto plazo, de los cheques con dividendos de las asambleas anuales, que su responsabilidad es mayor, que los empresarios de las grandes naciones, antes de apostarle al cabildeo, le apostaron a las instituciones. En estos tiempos han obtenido más utilidades que nunca, la tasa de cambio no varió un solo punto en estos días de crisis, pero eso no los blinda éticamente. El problema también es de ustedes.

Es tiempo de decirle a la sociedad civil que se movilice, que salga a la calle a apoyar a sus instituciones: a la Corte Suprema de Justicia y a la Fiscalía, especialmente.  Hay que hacerle saber a los defensores del proyecto político triunfador que hay una institucionalidad que respetar, un orden jurídico que obedecer, una comunidad internacional que observa atenta.

Es tiempo de decirle a los medios de comunicación que no se queden en el acontecimiento del día, que profundicen en el análisis, y también es tiempo de decirle a la izquierda que no pesque en río revuelto, que proponga alternativas unificadoras, que deje de apostarle a la quiebra del Estado. Es tiempo de que las instituciones funcionen.

Es tiempo de apostarle a que se sepa la verdad  - y ya vendrá el tiempo de saber la verdad de la violencia guerrillera -, de apostarle al resurgimiento de la majestad de la justicia, sin que olvidemos sus graves problemas de funcionamiento y de clientelismo, es tiempo de dignificar a las víctimas y de repararlas. Es tiempo de la defensa de las instituciones por encima de los proyectos políticos personales.

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