Por: Antieditorial

Defensa cautelosa del pacto de Lima

En respuesta al editorial del 22 de octubre de 2017, titulado “La ética en el partido entre Colombia y Perú”.

Por Pablo Múnera Uribe

El deporte es la actividad física que tiene como objetivo la competencia. Por tanto, la ética deportiva implica básicamente dos cuestiones: hacer lo posible por ganar y procurarlo sin trampas. En efecto, no es lo mismo, éticamente, que un equipo le pague a otro para que gane que lo haga para que pierda o empate.

Vamos a lo primero. Mucho más que el partido, Colombia y Perú se jugaban la clasificación. Con el empate ambos se llevaban un gran botín: para Colombia un cupo directo, que dejó perder en Barranquilla ante Paraguay, por falta de cálculo y exceso de emoción. Para Perú el repechaje, impensable al terminar la primera vuelta. Al igualarse el partido en el minuto 75, los resultados de los rivales directos, les invitaba a firmar el empate: Brasil 3-Chile 0, Paraguay 0-Venezuela 0 y Argentina 3-Ecuador 1.

Jugar a ganar el partido implicaba, al tiempo, más riesgo de perder… la clasificación. Era suicida. Con el triunfo Perú podría lograr el cupo directo, pero con la derrota, quedaba eliminada, independiente de los otros resultados. Una victoria de Colombia la ubicaría como cabeza de serie del Mundial, pero la derrota la dejaría entre el repechaje y la eliminación, dependiendo de la diferencia de goles con Chile.

La segunda cuestión ética, ganar sin trampas, ya también queda resuelta. Claramente el objetivo principal de ambos era el cupo al Mundial. Con el empate, y sin riesgos de ataques peruanos, Colombia estaba lista. De ambos, era el mayor beneficiado con mantener las tablas. Para qué arriesgar, más de visitante y cuando el fantasma del partido con Paraguay estaba vivo. Perú, con una selección muy inferior en nómina a la colombiana, podría aspirar a la clasificación directa, pero también arriesgaba a perder todo: el partido y el cupo a la repesca. Con el conformismo de Colombia, era mucho lo que ganaba. Los rivales directos también jugaban con el marcador de Perú-Colombia. En su lugar, y con sus condiciones, seguramente hubieran hecho lo mismo.

Por eso no se puede comparar éticamente este partido con el Uruguay 1 - Argentina 1 en 2001, que dejó a Colombia por fuera de la repesca al Mundial por un gol de diferencia ante los charrúas. Argentina, clasificado primero en Suramérica con más de 10 puntos sobre el segundo, y un equipo muy superior al de Uruguay renunció, vulgarmente, a ganar. Estaba obligado a hacerlo, porque si perdía o empataba, nada arriesgaba. No intentarlo era traicionar el espíritu deportivo para favorecer, directamente, a Uruguay. En aras de la imparcialidad, también fue sospechoso el 4-0 que Colombia le metió en esa misma fecha a Paraguay, ya clasificado, de visitante y que por poco lo clasifica.

Los argumentos aquí expuestos podrían servir de defensa de Perú, y sobre todo de Colombia, ante la FIFA. Se vio feo, sí. ¿Fue antideportivo? Considero que no. La única duda que queda es el gol de los incas, que subió al marcador por James y Ospina, que tocaron el balón. Pero eso es otro tema y la intencionalidad de los colombianos sería casi imposible de probar.

 

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