Por: Cecilia Orozco Tascón

Defensa del debate libre… y rumores

Columnistas con opiniones respetables, puesto que son precedidas de una conducta personal incorruptible, y otros de escasa credibilidad, precisamente por lo contrario, han coincidido en las últimas semanas en una tesis que, aunque aparenta propender por el equilibrio en las polémicas públicas, distorsiona la realidad, el piso duro de los hechos, lo que no tendría mayor importancia pues se trataría solo de eso, de opiniones. Sin embargo, esa posición, que llama la atención por su recurrencia justo en el momento en que el principal actor político del país comparece ante la justicia, debilita una de las pocas bondades democráticas que subsisten en el régimen colombiano, cada vez más autoritario y estrecho en libertades: la discusión abierta, franca y, si se quiere, ruda sobre acontecimientos que nos competen a todos y sobre quienes los protagonizan.

La tesis consiste en deslegitimar “el tono” y la “radicalización del debate” y en llamar a la “ponderación” para “subir su nivel” en beneficio de una pretendida convivencia.

La nobleza que sustentaría su argumentación, no obstante, se viene abajo como estantería con sobrecarga con una sencilla revisión de la estratificación por clases o por intereses políticos y económicos que rige a esta sociedad y que impide que el principio de igualdad exista más allá de la letra constitucional. Entonces, es fácil concluir que no es lo mismo que un Álvaro Uribe, por poner el ejemplo clave, “debata” parándose ante decenas de micrófonos para hablar durante hora y media de sus estrategias defensivas y ofensivas en el proceso que enfrenta en la Corte Suprema, a que un ciudadano cualquiera, periodista o no, difunda sus ideas en el rincón de un periódico o divulgue las informaciones con que cuenta contra la voluntad del implicado, del gobierno que él eligió, de su robusta bancada del Congreso y de miles de sus seguidores, algunos dispuestos a ejercer violencia de diversos tipos contra quienes suban “el tono” y “radicalicen” el foro en el sentido opuesto al de su líder.

No es lo mismo que un expresidente, senador, jefe de la cabeza del Ejecutivo y jefe del partido mayoritario en el Legislativo acuse de haber cometido delitos a los magistrados que fallaron su denuncia contra otro senador, a que los tres togados (dos de ellos ya por fuera de la Corte y por tanto sin investidura que los proteja) traten de defenderse y de sostener su postura de jueces en la causa que el propio Uribe Vélez inició. O, ¿alguien le daría igual despliegue a las respuestas de los exmagistrados Barceló y Castro Caballero, o a la decisión jurídica del miembro de la Sala Penal de la Suprema, Luis Hernández? No es lo mismo que el impulsador famoso de decenas de iniciativas contra las libertades ciudadanas revele la identidad de los periodistas y ejecutivos de los medios que supuestamente le contaron a él lo que ellos conversaban con sus fuentes —en lo que sería una grave violación de la obligación de reserva profesional—, a que los mencionados traten de desmentirlo. El desequilibrio es obvio.

Tampoco es lo mismo, y no puede serlo por elementales razones, que el más poderoso agente político de Colombia imparta, con sus declaraciones, “justicia” señalando cuáles son los condenados “buenos”, víctimas presuntas de la justicia, o cuáles miembros de la sociedad, que están libres, deberían ser condenados, según sean sus amigos, los primeros, y sus enemigos, los segundos, a que los sindicatos de la rama judicial convoquen a una manifestación para protestar por las intromisiones de la política en su independencia.

Corren rumores que, aunados a hechos visibles, les darían soporte sobre movimientos para recortar, aún más, la libertad de expresión, a tan solo un año largo del gobierno Duque. Se estarían ejecutando acciones para apropiarse de espacios informativos y medios para imponer agendas y, también, a unos periodistas complacientes mientras se elimina otros incómodos. No tengo pruebas. Solo señas. La tesis que se comenta al inicio de esta columna sobre “bajar el tono” y “ponderar” lo que se publica iría en esa dirección. ¿Vendrán tiempos de tempestad o de calma?

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2019-10-16T00:00:57-05:00

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2019-10-16T00:15:01-05:00

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