Por: Rafael Orduz

Déficit de políticos jóvenes innovadores

A diferencia de finales de los 80 y comienzos de los 90, hay pocos políticos jóvenes innovadores en la Colombia del 2017, necesitada de un relevo generacional.

No hay precedentes en el ritmo al que cambian la tecnología, los mercados laborales y modelos de negocios, las formas de aprender. Somos más interdependientes que nunca, como individuos, como miembros de comunidades o como ciudadanos de Colombia respecto al resto del mundo. Sin embargo, no nos adaptamos con la suficiente rapidez y la política es una de esas esferas vitales que no se renueva.

Los jóvenes, mayoría en un país como Colombia, enfrentan realidades que sus padres no hubieran imaginado. Mercado laboral con exigencias totalmente diferentes, falta de pertinencia e inequidad en la calidad de la educación que reciben, son sólo algunos de los grandes temas que no captan el interés debido.

La generación de dirigentes políticos nacidos antes de 1960, con excesiva influencia en la política colombiana actual, no fue capaz de construir, pese a algunos intentos, un país creador de riqueza a partir del conocimiento, apropiado de una cultura de respeto por los recursos públicos y el desarrollo sostenible. Ni tuvo la habilidad de lograr un amplio consenso, político y social, para terminar con un conflicto que conocieron cuando eran adolescentes o jóvenes adultos.

A propósito de precandidaturas presidenciales que ya asoman para el 2018, con pocas excepciones, se trata de políticos mayores de 50, 60 y 70. La edad, por supuesto, no garantiza probidad ni capacidad de liderazgo. Sin embargo, para ilustrar la escasez de políticos jóvenes, contrástese con la lista de algunos de los asesinados de fines de los 80.

Luis Carlos Galán y Jaime Pardo Leal, líderes sin tacha, asesinados de 45 y 46 años de edad, respectivamente. Rodrigo Lara Bonilla, talentosísimo, muerto a los 37. Bernardo Jaramillo y José Antequera, de 33 y 34 años. Carlos Pizarro no había cumplido 39 años cuando le quitaron la vida. No hubieran sido asesinados estos jóvenes líderes, con certeza, la secuencia de candidatos y presidentes de los siguientes 20 años no hubiera sido la que tuvo lugar. Aún así, Cesar Gaviria, innovador dirigente, tenía 43 años cuando asumió el poder y Antanas Mockus, 42 cuando lideró la Alcaldía de Bogotá con la, hasta entonces, exótica narrativa de la cultura ciudadana.

Pero también hay contraste con lo que ocurre hoy en otras latitudes, independiente de la orientación política. En este siglo, David Cameron fue primer ministro británico a los 43, igual que Justin Trudeau en Canadá. Alexis Tsipras, primer ministro a los 41 en Grecia. Movimientos de derecha, como la Alternativa para Alemania, son dirigidos por políticos como Frauke Petri, hoy de 41. Las próximas elecciones francesas verán pasar a segunda vuelta, quizás, a Marine Le Pen (48) y a Emmanuel Macron (39).

Con excepción de Claudia López y, quizás, Iván Duque, no hay jóvenes innovadores en la lista del 2018.

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