Por: Antonio Casale

Definitiva

Se calienta poco a poco la próxima jornada eliminatoria en la que enfrentaremos a Ecuador y Uruguay, y ya no habrá tiempo de más. Se acabaron las excusas y los tiempos, el ya tradicional y repetido comentario que reza que si no le ganamos al próximo rival, será mejor despedirnos del Mundial, cobra más vigencia que nunca, por eso es que al menos por una vez en la historia reciente las cosas tendrán que hacerse bien, no hay margen de error.

Después del ridículo reciente contra Venezuela se dijo que “lo que pasó fue que los jugadores que actúan en Europa estaban tiesos por la pretemporada”, pues sólo han pasado unas pocas semanas después de eso y la competencia en el Viejo Continente hasta ahora comienza; esto es cierto, pero también aplica para ecuatorianos y uruguayos, quienes juegan al igual que los nuestros en buen número en Europa. En ese orden de ideas el torneo doméstico ya está avanzado y por eso podría constituirse en ventaja contar con jugadores que actúan en nuestro medio, desequilibrando la balanza a favor de sus equipos y que además lo hacen en la misma cancha donde enfrentaremos a Ecuador.

Por eso no debería tener discusión la presencia en la titular para ese partido de Giovanni Moreno y Jackson Martínez; ellos dos pasan por un excelente momento, son desequilibrantes y sin duda aportarían velocidad y contundencia en el tránsito de defensa a ataque, uno de nuestros grandes males.

Pero no es solamente en la convocatoria y en la confección del equipo titular para los dos compromisos, muy diferentes, donde esta vez no hay lugar para el error. Eduardo Lara se ha visto confundido en los últimos encuentros. Contra Argentina se mostró falto de reacción después del gol recibido, contra Perú no fue capaz de encontrar la fórmula de manejo en el segundo tiempo, descuadernó el medio campo y por poco nos empatan el partido, que sobre el papel era el más fácil de toda la eliminatoria, y en el amistoso contra Venezuela, último ensayo previo al compromiso crucial del 5 de septiembre, hubo improvisación en la confección de la nómina y, de nuevo, lectura tardía de lo que se podía hacer en el medio campo.

No hay tiempo para nuevas equivocaciones, es seguir respirando en cuidados intensivos o dejar de vivir para aspirar a asistir a la máxima cita mundialista. Por ahora, está en manos de Lara y sus muchachos cambiar en la cancha el destino, que gracias a una gruesa cadena de errores, no solo deportivos, se ha labrado el fútbol colombiano.

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